La palabra de hoy 25 de mayo de 2011


Con paciencia se convence al gobernante.
¡La lengua amable quebranta hasta los huesos!
Proverbios 25:15

Hasta no hace mucho existían dos maneras de resolver los conflictos. Una era la vía diplomática, conciliatoria, negociada y no confrontacional. En caso de que esta vía fallara quedaba el recurso de la solución por medio de la fuerza, el enfrentamiento y la conflagración. Hoy en día se ha perdido la capacidad de resolver las cosas por la vía pacífica y casi todas las desavenencias terminan en pleito y violencia. Paciencia y persistencia parecen palabras sacadas de un vetusto, polvoriento y caduco diccionario que ya nadie recuerda y mucho menos consulta. Es que en estos tiempos postmodernos impera la cultura de lo inmediato. Como no nos gusta tener que esperar por nada proliferan los sitios donde se venden comidas rápidas. Muchísima gente está atravesando graves problemas financieros por haber abusado de su capacidad de endeudarse debido a su deseo de tener las cosas ya. Hace tiempo que el digno y artístico  trabajo del sastre quedó relegado al olvido por el advenimiento del Prêt-à-porter o Listo-para-llevar. En la televisión norteamericana difunden un comercial donde una empresa financiera ofrece sus servicios para obtener liquidez inmediata a partir de contratos de anualidades, los cuales por definición, se establecen a largos plazos. No dudo que estén teniendo mucho éxito con este negocio dada la inmediatez con que quieren ver satisfechos los deseos las personas.

La palabra de Dios nos muestra un camino en una dirección totalmente opuesta a lo que prevalece en el mundo.  La vida del hijo de Dios debe estar caracterizada por la perseverancia en el alcance de los objetivos. No nos olvidemos lo que hace poco comentamos sobre las ganancias fáciles: “Lo que fácil llega, fácil se va.” El autor de la carta a los Hebreos nos dice que los hijos de Dios “necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido.” También nos dice que nuestra vida es una carrera que tenemos por delante y que la debemos correr con perseverancia. Para lograrlo sólo tenemos que fijar nuestra “mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” Dejemos el apuro a un lado y revistámonos de paciencia, perseverancia y persistencia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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