La palabra de hoy 26 de mayo de 2011


Sobre sus goznes gira la puerta;
sobre la cama, el perezoso.
El perezoso mete la mano en el plato,
pero le pesa llevarse el bocado a la boca.
El perezoso se cree más sabio
que siete sabios que saben responder.
Proverbios 26:14-16

La misión tecnológica de la humanidad es inventar artefactos que hagan la vida lo más fácil y menos laboriosa que se pueda. Algunos de los aparatos inventados han sido realmente una bendición para la humanidad, otros han tenido una influencia destructiva. No creo que haya alguien que piense que las lavadoras y las secadoras de ropa no son aparatos que verdaderamente hacen nuestra vida más fácil. Igual podemos decir del computador u ordenador y su aplicación de red: la Internet, la cual ha revolucionado nuestra manera de comunicarnos, de aprender y de divertirnos. ¿Y qué diremos de los vehículos, el teléfono celular o el horno de microondas? Todos estos avances tecnológicos han logrado ciertamente hacer más fácil nuestra existencia. No obstante, como con todas las cosas, la naturaleza pecaminosa de la humanidad ha creado nuevas maneras de cometer crímenes y hacer cosas indebidas  utilizando estos de otra manera útiles avances tecnológicos.

Un ejemplo de una tecnología mal utilizada es el aprovechamiento de la Internet para promover y difundir la pornografía y la pedofilia. Otro ejemplo es la conducción de vehículos a velocidades muy por encima de los límites establecidos. El uso del teléfono celular mientras se conduce el vehículo también ha resultado en dolorosas y cuantiosas pérdidas de vidas humanas y daños materiales. Un mal mucho peor por la manera invisible como va actuando es el uso indebido del tiempo de ocio del que ahora disponemos como resultado de la utilización de nuevas tecnologías. Como ahora tenemos más tiempo disponible, podemos hacer más y diversas cosas que antes no hacíamos lo cual nos produce un cansancio mental y físico. Luego, para recuperarnos de ese cansancio buscamos el reposo en la inactividad, pero la inactividad promueve la flojera y terminamos siendo personas irresponsables porque no sabemos administrar bien nuestro tiempo. No seamos como el perezoso del que nos habla la porción de la palabra que nos tocó analizar hoy. Recordemos que debemos aprovechar “al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.” Sirvamos al Señor con alegría y no nos dejemos vencer por la flojera. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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