La palabra de hoy 29 de mayo de 2011


Que nuestros graneros se llenen
con provisiones de toda especie.
Que nuestros rebaños aumenten por millares,
por decenas de millares en nuestros campos.
Salmos 144:13

La verdadera prosperidad sólo puede alcanzarse cuando uno se encuentra bajo la protección de Dios. Para esto debemos estar en total dependencia de él y esta es la parte más difícil de todo esto. Principalmente porque hemos sido criados en ambientes donde se estimula al esfuerzo individual y competitivo. Pronto terminamos creyendo que todo lo que somos, hacemos y tenemos es producto de la tenacidad de nuestro esfuerzo y nos olvidamos de que hasta para respirar dependemos por entero de Dios. Eso sí, no podemos confundir el concepto de libertad en Cristo con independencia. La independencia es la meta del egoísta y del orgulloso. Si algo tenemos que entender es que en todo y para todo dependemos de la perfecta voluntad de Dios. Por supuesto que esto no significa que vamos a echarnos en un lecho a esperar que Dios nos envíe todo lo que necesitamos para vivir. Dios quiere que nuestro sustento provenga de una colaboración entre él y nosotros. Él nos da la vida, la fuerza, la capacidad, el talento, los dones, los recursos y las oportunidades y nosotros ponemos la fe, la esperanza y el amor; cosas que por cierto las tenemos porque las hemos recibido de él. En fin, todo lo aporta Dios pero se requiere que participemos en el proceso de producir nuestra prosperidad, siempre reconociendo nuestra total dependencia de Dios.

Una vez reconocida esta dependencia de Dios para todo podemos rendir a Dios la verdadera adoración y alabanza que él espera de nosotros. Entendamos, pues, la razón y el propósito de nuestra existencia en este mundo y conozcamos de dónde provienen los recursos de que disponemos para llevar adelante nuestra tarea. Este conocimiento nos permitirá ser más efectivos y eficientes en el cumplimiento de nuestra labor para Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 29 de mayo de 2011

  1. Cecilia Muñoz dijo:

    Que maravillosa prédica. Que la perfecta voluntad de Dios sea nuestro alimento.

    Te felicito.

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