La palabra de hoy 30 de mayo de 2011


»Sólo dos cosas te pido, Señor;
no me las niegues antes de que muera:
Aleja de mí la falsedad y la mentira;
no me des pobreza ni riquezas
sino sólo el pan de cada día.
 Porque teniendo mucho, podría desconocerte
y decir: “¿Y quién es el Señor?”
Y teniendo poco, podría llegar a robar
y deshonrar así el nombre de mi Dios.
Proverbios 30:7-9

Poco se ha escrito sobre la identidad del oráculo llamado Agur, hijo de Jaqué. En lo que a mí respecta, pienso que es el propio rey Salomón bajo seudónimo, comunicando la sabiduría que Dios le concedió. En todo caso, lo importante es que esta porción forma parte de la palabra de Dios y como tal es “útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia.” Me llama mucho la atención la analogía o paralelismo que se utiliza aquí entre la falsedad y la mentira y los dos extremos de una situación financiera. Como en todas las cosas, los extremos siempre han sido inconvenientes, peligrosos y malos consejeros. Tanto en lo financiero como en el resto de las cosas debemos siempre buscar el equilibrio o el balance, principalmente porque el equilibrio busca aprovechar y combinar lo mejor de los dos extremos para buscar una solución “ganar-ganar,” mientras que en el extremismo, un extremo afianza su posición a expensas del otro extremo y siempre habrá alguien que gana y alguien que pierde.

Las consecuencias de ubicarnos en cualquiera de los dos extremos son catastróficas. En la pobreza extrema se corre el riesgo de dejar a un lado la confianza en Dios y cometer acciones indebidas fundamentados en la desesperación. En el otro extremo de las riquezas se incrementan las posibilidades de que nos olvidemos de Dios y pongamos nuestra esperanza en ellas aún cuando se nos ha advertido que ellas son muy inseguras. Como podemos ver, ambos extremos atentan contra nuestra relación con Dios y la socavan, lo cual es inaceptable. Busquemos siempre llevar a cabo la voluntad de Dios y no la nuestra. En el caso de las finanzas personales, el equilibrio es que dispongamos sólo del pan de cada día y no de riquezas o pobreza. ¿No es ésto lo que nos enseñó a pedir el Señor Jesús cuando nos dio el modelo de oración por excelencia, el Padre Nuestro? ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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