La palabra de hoy 4 de junio de 2011


Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida;
tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.
Salmos 18:28

Entender lo que significa andar en la oscuridad quizá sea algo un tanto difícil para quienes estamos acostumbrados a la presencia del alumbrado público en calles y avenidas y también tenemos muy fácil acceso a la red de distribución de energía eléctrica para poder iluminar nuestros hogares y sitios de trabajo. Hasta finales del siglo XIX, la gente dependía de antorchas, velas  y lámparas de aceite para iluminar su camino. Quizás algunos hayan tenido la oportunidad de acampar en un bosque en sus vacaciones y conozcan lo que es una lámpara de kerosén o de gas propano. En comparación con la iluminación eléctrica, estas lámparas no proveen mucha luz  pero son mejor que nada. La iluminación es un asunto de seguridad personal. Un peligro o un obstáculo que no pueda ser detectado a tiempo implica un alto riesgo o un accidente seguro. Aunque sepamos adónde queremos ir, si no vemos por dónde andamos será muy difícil llegar a nuestro destino. En todo caso, nada mejor que tener algo de iluminación para no tener que andar en oscuridad total.

Dios nos dice que su palabra es una lámpara a nuestros pies y  una luz en nuestro sendero. Si nosotros que contamos con la preciosas palabra de Dios y los beneficios de ser hijos del Altísimo, a veces tropezamos y caemos ¿Se imaginan cómo es la vida de quienes no conocen ni una letra de la poderosa palabra de Dios? Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo “para librar del calabozo a los que habitan en tinieblas.” Él dijo “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Asegurémonos, pues, mediante nuestro testimonio y apoyándonos en la acción del Espíritu Santo abriendo los ojos de quienes hasta ahora han estado ciegos, de que quienes hoy están en tinieblas puedan llegar a conocer la luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano. Recordemos que nosotros también fuimos llamados de las tinieblas a la luz admirable de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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