La palabra de hoy 6 de junio de 2011


Ya que no toman en cuenta las obras del Señor
y lo que él ha hecho con sus manos,
él los derribará
 y nunca más volverá a levantarlos.
Salmos 28:5

Hay personas que han tomado la decisión de vivir sus vidas como si Dios no existiera. A ellos les parece que cualquier referencia a Dios o su obra es mera fábula y mitología. En su afán por desacreditar a las religiones y a quienes las practican echan todas las creencias, falsas y verdaderas, en un sólo saco y les colocan una etiqueta con el nombre de superstición. Si bien es cierto que muchas religiones están basadas en folclore y superstición, no menos cierto es la general y constante búsqueda del hombre, independientemente de raza, pueblo o nación, por encontrar algo trascendente en su existencia. Esta incansable búsqueda ha llevado a muchos a crear modelos fantásticos que tratan de explicar el objetivo de nuestra vida y la relación que existe entre el mundo visible y el invisible. La diversidad de experiencias personales ha llevado al hombre ha establecer numerosas y discordantes maneras de llegar a la presencia de ese ser superior que su conciencia instintivamente les indica que está por sobre todas las cosas. Sus caminos para alcanzar a Dios se basan en el esfuerzo personal por remontarse por encima de la miseria y mediocridad humanas. A pesar de todas estas limitaciones, la presencia casi total de una aceptación de que existe algo más de lo que podemos ver, es prueba de que hemos sido creados para mantener una relación con Dios y que hay otro nivel de existencia diferente al que todos conocemos.

La gente que practica las falsas religiones tratan de alcanzar a Dios, quien por definición no puede ser alcanzado. Quienes no quieren verse sujetos a una autoridad superior, moral y absoluta rechazan toda idea de Dios. La Biblia nos enseña que fue Dios quien tomó la iniciativa de buscar al hombre para reconciliar al hombre consigo mismo, su Creador y para destruir la barrera física y espiritual que el pecado había levantado entre Dios y su máxima creación. Quienes practican falsas religiones están mucho más cerca de tener un encuentro personal con Dios que aquellos que niegan por completo su existencia. ¿Qué triste debe ser la vida de aquel que piensa que la vida es sólo esto que vivimos en la tierra y después de esto no hay nada más! Que el Espíritu Santo de Dios quite la venda que le impide a estas confundidas personas darse cuenta de la gloriosa realidad de Dios y puedan confiar en Jesucristo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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