La palabra de hoy 8 de junio de 2011


Por causa de tu indignación
no hay nada sano en mi cuerpo;
por causa de mi pecado
mis huesos no hallan descanso.
Salmos 38:3

Hay quienes piensan que si alguien está enfermo es por causa del pecado. Otros creen que entre el pecado y las enfermedades no existe ninguna conexión. Ambas posiciones doctrinales surgen de tomar algunos pasajes bíblicos fuera de contexto y ya sabemos que un texto fuera de contexto es sólo un pretexto. Si tomamos en cuenta toda la evidencia bíblica al respecto podremos concluir que no toda enfermedad es causada por el pecado ni todo pecado produce enfermedad. «Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?» preguntaron un día los discípulos a Jesús. «Ni el pecó, ni sus padres, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida,» respondió el Señor y sanó al ciego. El apóstol Pablo, quien menciona tener su “aguijón en la carne” y el proverbial Job son algunos ejemplos de personas que sufrieron enfermedades no causadas por pecado. En todo caso, lo importante es que existe la posibilidad de que cuando nos hallemos sufriendo los estragos de una penosa enfermedad, todo se deba a la presencia de algún pecado inconfesado en nuestra vida.

Cuando nos hallemos bajo las garras de una enfermedad lo primero que debemos hacer es darle las gracias a Dios porque de esta situación podremos recibir una enseñanza que nos permitirá crecer espiritualmente. Luego, debemos analizar nuestras actuaciones para asegurarnos de que siempre hayamos actuado de acuerdo con la voluntad de Dios, revisar nuestra mente para garantizar que no hayamos caído en pensamientos impuros y,  en último lugar verificar que todas las oportunidades de servicio que se nos hayan presentado hayan sido aprovechadas. De este análisis lograremos sacar algunas cosas que merecen corrección y que deben ser llevadas al trono de la misericordia de Dios para que nos sean perdonadas por los méritos de Cristo Jesús. En realidad, esto es algo que debemos hacer constantemente y no tan sólo cuando nos encontramos enfermos. En todo caso, hay una buena razón para que a veces nos encontremos con problemas de salud y en esos casos, sea la razón cual sea, debemos apoyarnos en el poder de Dios para lograr sobreponernos a las adversidades. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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