La palabra de hoy 9 de junio de 2011


¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
 ¡Levántate! No nos rechaces para siempre.
¿Por qué escondes tu rostro
y te olvidas de nuestro sufrimiento y opresión?
Salmos 44:23-24

La notable diferencia que siempre ha existido entre los planes de los hombres y los planes de Dios es lo que hace que muchos piensen que el ocasional silencio de Dios se deba a rechazo, aislamiento u olvido de parte de nuestro Padre celestial. A veces es cierto que si mantenemos una conducta reprobable Dios no apoye nuestros planes y parezca que él se ha alejado, pero la realidad es que Dios nunca se aparta de sus hijos y si Dios calla ante nuestro clamor es porque eso forma parte de su plan. Para comenzar, Dios nunca rechaza al pecador arrepentido. Dios es quien busca y da el primer paso para que se pueda llevar a cabo la reconciliación entre él y los hombres. Si lo buscamos a él de todo corazón es porque él nos ha buscado primero y él nunca rechazará nuestro acercamiento a él en busca de protección. Lo único que Dios espera de nosotros es que tengamos fe en él y que esa fe se manifieste por medio de la obediencia a sus mandatos. Mientras nos mantengamos en obediencia a él nuestra relación con nuestro Padre será perfecta.

Dios tampoco es alguien que tiene mala memoria y se olvida pronto de las cosas que ha prometido. Es el hombre quien a veces trata de excusarse de un compromiso alegando el olvido como justificación. El único olvido en que Dios puede incurrir es el que menciona Ezequiel:  “Si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, y obedece todos mis decretos y practica el derecho y la justicia, no morirá; vivirá por practicar la justicia, y Dios se olvidará de todos los pecados que ese malvado haya cometido.” Jeremías lo refuerza cuando expone: “Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados.” Así que ya sabemos que Dios nunca podrá olvidarse de nosotros, pues lo único que él olvida son las faltas de un pecador arrepentido. No digamos, pues, que Dios se ha olvidado de nosotros. Es una mentira del enemigo y como tal, debemos ignorarla. Pongamos nuestra confianza en Dios y él actuará. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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