La palabra de hoy 20 de junio de 2011


“Fíjense, ahí tienen a los que eran nuestra esperanza, ¡aquellos a quienes acudíamos en busca de ayuda, para que nos libraran del rey de Asiria! Y ahora, ¿cómo podremos escapar?”
Isaías 20:6b

La curiosidad hace que el hombre se ponga a prestar atención a los mensajes atrayentes de quienes sólo están interesados en destruir. La inestabilidad del hombre y su falta de discernimiento hacen que ponga su esperanza en todo aquello que no tiene poder para edificar. Hay quienes presumen de tener mucho poder y es posible que en algún momento dado puedan ejercer dominio sobre otros, pero nadie posee todo el poder todo el tiempo como nuestro Dios Todopoderoso. Nuestra perspectiva, usualmente limitada al aquí y al ahora, no nos permite apreciar claramente el devenir de los tiempos y la permanencia y solidez del plan de Dios, lo que hace que a veces tomemos decisiones erradas confiando en presuntas fortalezas que terminan debilitándose y desmoronándose ante la presencia de un poder superior.

¿En qué o en quiénes has puesto tu confianza? Tu dinero, tu trabajo, tus posesiones, tus estudios, tu conocimiento, tus habilidades, tu familia, tus amistades, tus conexiones, tu estatus, el color de tu piel, tu atractivo, tu simpatía y todos aquellos seres o cosas que de alguna manera te hacen  sentirte seguro y protegido pasarán y dejarán de ser y te encontrarás desnudo y abandonado, a merced de tus enemigos y de las circunstancias. Si, por el contrario y con sabiduría, ponemos nuestra esperanza en Dios, nunca seremos defraudados y siempre contaremos con su amor y su misericordia aunque los días sean malos. Identifiquemos todas aquellas cosas que nos producen una falsa sensación de seguridad y reemplacemos nuestra confianza en esas cosas o personas por la esperanza puesta exclusivamente en Dios. De esta manera dejaremos de depender cada vez más de dudosas e inciertas fortalezas y lograremos depender  solamente del único que es verdaderamente confiable y verdadero, nuestro Señor Jesucristo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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