La palabra de hoy 23 de junio de 2011


Señor, por la noche evoco tu nombre;
¡quiero cumplir tu ley!
Lo que a mí me corresponde
es obedecer tus preceptos.
Salmos 119:55-56

Dentro del eterno debate de quienes piensan que la salvación sólo se consigue por obras se citan muchos versículos que mencionan a la obediencia, como si fuera ésta la que nos permite ser hechos hijos de Dios. Esta visión de la obediencia como requisito sólo puede conducirnos al legalismo. La obediencia es tan sólo el resultado de una vida transformada por el poder del Espíritu Santo. La obediencia es la prueba o evidencia de la fe con que el hijo de Dios depende de su Padre celestial. No en vano, Santiago, el hermano del Señor dijo: «Muéstrame tu fe sin las obras y yo te mostraré la fe por mis obras.» La obediencia es la consecuencia lógica de una dependencia total de Dios. Obedefé la he llamado antes. Si no estamos convencidos de que dependemos de Dios en todas las actividades y aspectos de nuestra vida, nunca veremos cuán importante es obedecer a Dios en todo. Dios ha hecho todo lo necesario para que podamos ser salvos y, tal como lo dice el salmista, a nosotros lo que nos corresponde es obedecer sus preceptos. Nuestra naturaleza pecaminosa siempre nos querrá conducir fuera de la sujeción a los mandatos de Dios para llevarnos al terreno de la rebeldía. Si por el contrario nos dejamos conducir por el Espíritu Santo de Dios no tendremos que lidiar con ese problema. Por la obediencia se puede calibrar nuestra fe.

¿Cuán grande es tu fe? Revisa si eres o no eres obediente y lo sabrás. ¿Hay oportunidad para ser más obedientes? Por supuesto, toda vez que no somos perfectos y que nuestra naturaleza pecaminosa nos hace validar lo que dice la sabiduría popular: “La cabra siempre tira al monte.” Sin fe y sin la intervención transformadora del Espíritu Santo de Dios en nuestra vida no puede haber obediencia verdadera y eficaz. Dejémosle el control de nuestra vida al Espíritu de Dios y sumerjámonos en su palabra para conocer bien cuáles son los preceptos que debemos obedecer y así poder cumplir con todo lo que nos corresponde. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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