La palabra de hoy 24 de junio de 2011


Señor, yo sé que tus juicios son justos,
 y que con justa razón me afliges.
Que sea tu gran amor mi consuelo,
conforme a la promesa que hiciste a tu siervo.
Que venga tu compasión a darme vida,
porque en tu ley me regocijo.
Salmos 119:75-77

Conocimiento, justicia, disciplina, misericordia, consuelo, promesas, compasión, vida, ley, alegría. ¡Qué cantidad de principios y valores agrupados en estas corta líneas de la palabra de Dios! Con razón la misma palabra habla de sí misma y dice que de ella pueden sacarse tesoros nuevos y viejos. La vida del hijo de Dios no es una vida simple. La vida del hijo de Dios tiene muchos aspectos que aprender y que poner en práctica. Nuestra relación con Dios no es exclusivamente la lectura de su palabra o elevar oraciones a él o confiar en sus promesas. Tampoco es solamente servir o evangelizar o ayudar al prójimo, bautizarse o participar de la cena del Señor. La vida del hijo de Dios es la suma de todas estas cosas y muchas más. ¿Con tantas cosas que vivir, cómo saber entonces qué hacer o cómo actuar ante determinada circunstancia? La clave es, precisamente, nuestra relación con Dios.

Mientras mantengamos una sana, estrecha y constante relación con Dios, todo lo que “tengamos” que hacer será fácil de entender y de hacer. Coloco el verbo tengamos entre comillas porque las cosas de Dios no son una obligación o un peso como tales. Una vez le preguntaron al Señor Jesús: ¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige? El Señor respondió: «Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió.» También el Señor Jesús dijo: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.» La obra de Dios no es pesada; la obra de Dios no es complicada. La obra de Dios es fácil de llevar a cabo siempre y cuando dependamos de Dios y no de nuestras propias fuerzas y habilidades. Apoyémonos en nuestro Señor y todo saldrá como el Señor quiere que salga, como debe ser. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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