La palabra de hoy 9 de julio de 2011


Estamos abatidos hasta el polvo;
nuestro cuerpo se arrastra por el suelo.
Levántate, ven a ayudarnos,
y por tu gran amor, ¡rescátanos!
Salmos 44:25-26

Una de las cosas que claramente debe diferenciar y separar al hijo de Dios de los impíos es la forma de enfrentar las dificultades. Mientras que los malvados caen en profundo pánico cuando las cosas no les salen como ellos quieren, los hijos de Dios toman las cosas con calma y elevan su mirada a Dios porque saben que en él pueden confiar por que él es el único que los puede sacar del aprieto en que se encuentran. Los malvados sólo confían en ellos mismos y cuando a ellos se les acaban los recursos piensan que ya no hay más nada que hacer. Es posible que el cristiano se encuentre en una situación que a todas vistas no tiene salida pero sigue confiando en Dios porque en otras oportunidades en que se ha encontrado en situaciones similares, Dios ha intervenido en su favor de maneras que nadie hubiese podido imaginar. Cuando Satanás atacó con fuerza a Job y le quitó sus hijos, su hacienda y sus animales, su esposa le reprochó: “¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!” Es interesante notar que la esposa de Job sabía que Job estaba actuando íntegramente y que lo que ella le estaba proponiendo que él hiciera era algo absolutamente reprochable.

¿Y tú, cómo reaccionas cuando la adversidad toca tu puerta? ¿Corres alocadamente a buscar la ayuda de otros y te olvidas de que tu Dios es quien verdaderamente tiene la capacidad y el poder para resolver todos tus asuntos? ¿Te echas a morir porque piensas que todo está perdido o por el contrario esperas pacientemente que llegue el ansiado y oportuno momento de la intervención divina? ¿Le echas la culpa a Dios por lo que te está sucediendo o reconoces que fuiste tú sólo quien se enredó la vida con tus malas decisiones? ¿Actúas como hijo de Dios o como un impío? Aún estás a tiempo de rectificar. Coloca tu fe y tu esperanza en Jesucristo y déjalo actuar. Verás como pronto todo comienza a solucionarse, como comenzarán a llegar las bendiciones de Dios y como tu actitud hacia las adversidades será diferente. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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