La palabra de hoy 12 de julio de 2011


El que ama la disciplina ama el conocimiento,
pero el que la aborrece es un necio.
Proverbios 12:1

La disciplina es algo extremadamente necesario para la vida humana. Sin la disciplina seríamos seres absolutamente despojados de todo sentido de orden y justicia. Sin corrección cada quién podría hacer lo que le viniere en gana sin tener que presentar cuentas a nadie de lo que ha hecho y sin tener temor de recibir las consecuencias negativas que se puedan derivar de ello. Sin corrección todos estaríamos actuando sin otro criterio que la satisfacción personal sin importar lo que nuestro comportamiento pudiera afectar a otros. Todos conocemos casos de niños malcriados a quienes sus padres no han sabido enseñar y que son causa de vergüenza para ellos, si es  que a esos padres les queda algo de dignidad Mucho llanto le espera a quien no levanta a sus hijos con disciplina.

Frente a la disciplina podemos tomar tres rumbos de acción. Uno es despreciarla como algo inútil que no nos interesa y por lo tanto es tan sólo una incomodidad y un obstáculo en nuestra persecución del placer. Otra es desanimarnos porque no terminamos de aprender y cada vez que actuamos mal, Dios nos disciplina y eso nos agota. Y otra es aceptar la disciplina de nuestro Padre celestial como algo beneficioso para nosotros que nos ayudará a corregir nuestros pasos y a vivir un a vida agradable a los ojos de Dios.

El apóstol Pablo nos dijo que “Ciertamente, ninguna disciplina, al momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella.” ¿Con cuál actitud recibirás la próxima disciplina que te aplique Dios? ¿La rechazarás, te desanimarás o la aceptarás? ¿Entiendes la importancia que la corrección tiene para tu vida? Ignorar la disciplina sólo ocasionará que sea necesario que recibamos disciplinas adicionales hasta que aprendamos a comportarnos con justicia y rectitud. Recibamos, pues, con alegría la corrección de nuestro amoroso Padre y mejoremos todo lo que haya que mejorar. Los primeros beneficiados seremos nosotros mismos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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