La palabra de hoy 18 de julio de 2011


Tu brazo es capaz de grandes proezas;
fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.
Salmos 89:13

Uno de los grandes obstáculos que nos impide mantenernos muy cerca de Dios es nuestro corto intervalo de atención. El intervalo de atención de una persona es la capacidad que alguien tiene para mantener su concentración en una sola tarea o estímulo, sin ser distraído por otras personas o cosas en su entorno. De acuerdo con los estudios realizados por psicólogos la capacidad de enfocarse en un objetivo es muy necesaria para el aprendizaje y para completar satisfactoriamente cualquier proyecto. Hacemos chiste del brevísimo intervalo de atención de un niño o de un animal sin darnos cuenta de que nosotros también tenemos serias limitaciones al respecto. Son muchas las cosas con que el mundo nos bombardea constantemente y casi todas ellas resultan exitosas al desviar nuestra atención de donde debe estar centrada que es en agradar a nuestro Padre Celestial y a su Hijo Jesucristo. En un mundo donde el uso de los medios de comunicación de masas se intensifica día a día es fácil perder el enfoque en las cosas de Dios. El número de cosas que están compitiendo por capturar nuestra atención, aunque sea por breves instantes, es fenomenal. Para los técnicos de la publicidad no es tan importante cuánto tiempo dura la concentración con tal de que se logre obtenerla de manera sólida en repetidas ocasiones a lo largo del día. No nos sorprende pues, el bombardeo indiscriminado de mensajes que recibimos minuto tras minuto de nuestra existencia.

La solución no es que nos traslademos al extremo opuesto del péndulo y nos pasemos todo el día en lectura de la palabra, oración y ayuno. Los extremos nunca pueden ser buenos. Debemos alcanzar un equilibrio entre la atención que le dedicamos a las cosas que nos mantienen conectados a Dios, bajo la dirección del Espíritu Santo y nuestras actividades diarias relacionadas con nuestros entornos familiar y laboral. No obstante, el hecho de que dediquemos parte de nuestra atención y tiempo a actividades que no son espirituales no significa que no debamos llevar todo pensamiento cautivo a Cristo puesto que todo lo que digamos, pensemos y hagamos debe estar relacionado con nuestra obediencia a Dios. Que Dios sea el centro de nuestra vida en acción y pensamiento para que nos mantengamos en una constante actitud de alabanza a su nombre sea cual sea la actividad que estemos realizando. Nunca perdamos de vista el propósito para el cual fuimos creados, la gloria de de Dios ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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