La palabra de hoy 20 de julio de 2011


El chismoso traiciona la confianza;
no te juntes con la gente que habla de más.
Proverbios 20:19

Todos tenemos la necesidad de comunicarnos los unos con los otros. En mayor o menor grado todos necesitamos expresarnos y ser escuchados. Cuando alguien pone genuina atención a lo que estamos hablando nos sentimos honrados y útiles pues estamos compartiendo con otros algo de nosotros mismos. Ahora, hay quienes llevan esta necesidad a extremos insoportables y patológicos. Éstas son personas cuyo único objetivo en la vida es hablar (usualmente de sí mismos) sin parar y sin importarles si están siendo escuchados o no. Por supuesto que ellos piensan que los demás les están poniendo atención y que están de lo más interesados en conocer lo que ellos tienen que decir, aunque no sea cierto,  y por eso nunca paran de hablar, así sean incoherencias. Muchos de ellos, al no tener otro tema del cual conversar, se dedican a exponer cualquier información personal de otros, la cual no es del dominio público. El elemento de lo secreto y lo desconocido añade un poco de emoción al tema que están compartiendo y la natural curiosidad de quienes están recibiendo el mensaje se conjuga con lo anterior para formar una mezcla explosiva. Así como los atenienses y extranjeros que vivían en Atenas y frecuentaban el Aerópago para pasar el tiempo sin hacer otra cosa más que escuchar y comentar las últimas novedades, hoy en día la gente se deja guiar por su naturaleza carnal para estar pendiente de cuanto chisme y novedad rueda por ahí y si consiguen a alguien como los que hemos descrito arriba, se dan las condiciones perfectas para el cotilleo y la murmuración.

A este tipo de personas debemos evitarlas y nosotros debemos mantenernos alejados de ellas. Una manzana podrida por el chisme muy pronto hace que el resto de las manzanas se pudra. El apóstol Pablo nos exhortó a que nuestra conversación siempre sea amena y de buen gusto por lo que no hay espacio para el chisme y la murmuración. Si a alguien le gusta hablar, que hable de Cristo y con mesura para que no agote la paciencia de los demás. Si alguien quiere venir a enlodar nuestro corazón con datos privados de otros no prestemos nuestros oídos a su mensaje y pongamos freno a quienes se dedican a esta vergonzosa actividad. Con nuestro pensamiento enfocado en nuestro Señor Jesucristo disfrutaremos la paz y la armonía que debe existir entre los hermanos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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