La palabra de hoy 22 de julio de 2011


Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor,
y a Moisés le fue mal por culpa de ellos,
pues lo sacaron de quicio
y él habló sin pensar lo que decía.
Salmos 106:32-33

La mayoría de las veces en que las cosas salen mal la responsabilidad de lo ocurrido recae sobre los líderes y no es para menos pues al ocupar posiciones de liderazgo a ellos se les confiere mayor poder y esto implica un mayor compromiso con los resultados de sus decisiones. Un buen líder sabe a lo que está expuesto y cuando algo no sale como se esperaba asume su responsabilidad por lo que sucedió. No obstante, en raras ocasiones, la responsabilidad no recae sobre el líder sino sobre los seguidores. En el caso de la protesta por la escasez de agua en el desierto, el nivel de murmuración del pueblo era tan fuerte y tan repetitivo que hizo que Moisés, un hombre supremamente humilde, se exasperara al extremo de salirse de sus casillas y de actuar estúpida e irreflexivamente al llevar a cabo las instrucciones que Dios le dio. Moisés podía echarle la culpa al pueblo, de hecho, Dios disciplinó al pueblo por esta y muchas otras instancias de queja y murmuración. Lo que hizo que Moisés fallara fue su espíritu rebelde que consideró que lo que Dios le había ordenado era un fastidio para su vida.

A todos nos pasa que recibimos dirección de Dios pero creemos que nuestra manera de resolver los asuntos es mejor que la que Dios nos está indicando y terminamos rebelándonos. Las bases de la rebelión son el orgullo y la desobediencia y ya sabemos que ninguna de estas cosas le agrada al Señor. Cuando Dios nos ordene hacer algo y pensemos que hay una mejor manera de hacerlo, inmediatamente debemos sentarnos a analizar en que manera estamos fallando y que podemos hacer para cumplir las instrucciones de Dios al pie de la letra. De no hacerlo es muy probable que terminemos cayendo en el profundo hoyo del error y el pecado. Prestemos atención a la  voz de Dios y dejemos que su Espíritu Santo nos guíe por sendas de justicia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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