La palabra de hoy 23 de julio de 2011


Hijo mío, presta atención y sé sabio;
mantén tu corazón en el camino recto.
No te juntes con los que beben mucho vino,
ni con los que se hartan de carne,
pues borrachos y glotones, por su indolencia,
acaban harapientos y en la pobreza.
Proverbios 23:19-21

Sin caer en juicios o pormenores podemos llegar a la conclusión que la mayoría de las personas que deambulan por la calles por no tener vivienda, también conocidos como los sin techo o homeless, se encuentran en esa triste y penosa situación por el uso excesivo del alcohol y las drogas, lo cual los llevó a terminar siendo esclavos de una terrible dependencia. La adicción al alcohol y las drogas es un grave problema que afecta a la sociedad en todo ámbito y estrato social. La adicción o dependencia a estas sustancias causa problemas a nivel personal, familiar y social. Sus consecuencias, tal como hemos indicado antes, son devastadoras y han llevado a muchos a caer en extrema pobreza. Aparte de restringir la libre disponibilidad, realizar campañas educativas, restringir la difusión de mensajes comerciales, establecer horarios de venta y limitar el expendio a determinadas edades, es poco lo que los gobiernos han podido hacer para controlar este mal. El problema va más allá de una legislación; el problema reside en el individuo pues forma parte de la naturaleza pecaminosa que todos los seres humanos poseen. La falta de disciplina y control del hombre es lo que hace que sus defensas contra este flagelo sean ineficaces para protegerlo de las terribles consecuencias a las que está destinado por haberse expuesto insensatamente al consumo descontrolado de estas sustancias.

El mejoramiento del individuo no se logra modificando el entorno de éste sino transformando su interior. Ésto sólo lo puede lograr el Espíritu Santo de Dios. La palabra de Dios nos advierte que el excesivo consumo de alcohol lleva al desenfreno. La palabra de Dios nos exhorta a  no dejarnos controlar por nuestra naturaleza pecaminosa sino por el Espíritu Santo de Dios. Todo tiempo dedicado a satisfacer los extravagantes deseos de la naturaleza pecaminosa es tiempo perdido. No sigamos perdiendo tiempo y seamos sabios y atentos a la palabra de Dios. Ésto nos mantendrá en el camino recto. La respuesta al problema de las dependencias sólo la tiene Dios.  ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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