La palabra de hoy 25 de julio de 2011


Lo que atestigües con tus ojos
no lo lleves de inmediato al tribunal,
pues ¿qué harás si a fin de cuentas
tu prójimo te pone en vergüenza?
Proverbios 25:7b-8

Una de las cosas que nos hace muy humanos y no necesariamente en el buen sentido de la palabra es nuestra velocidad para emitir juicio. Ante una situación y muy a menudo cuando observamos el comportamiento de nuestro prójimo, analizamos los datos disponibles y con pasmosa velocidad llegamos a una conclusión, usualmente condenadora y la mayoría de las veces errónea. Desde el punto de vista de las probabilidades es muy posible que estemos en lo correcto pues el pecado es la norma y no la excepción, pero en un juicio no podemos basarnos en probabilidades sino en hechos y evidencias sólidas. Usualmente no conocemos todos los detalles de un asunto pero eso no nos impide que lleguemos a una conclusión como si lo supiéramos todo al respecto. Ese afán por emitir un juicio a pesar de no contar con todos los detalles es lo que nos mete en problemas muchas veces. En primer lugar porque estamos llegando a conclusiones erróneas por no tener toda la información del caso y segundo porque lo más probable es que comentemos nuestro juicio con otros y nos convirtamos en portadores de chismes e intrigas.

El Señor Jesús fue muy claro al respecto y a quienes caen es este error los llama hipócritas: »No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. »¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo” , cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. En todo caso, debemos ayudarnos unos a otros a llevar las cargas y no nos quejemos los unos de los otros para que no seamos juzgados. El único juez es el Señor Jesús y a él todos tendremos que dar cuenta de nuestras acciones u omisiones. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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