La palabra de hoy 31 de julio de 2011


¡Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda,
de los que se apoyan en la caballería,
de los que confían en la multitud de sus carros de guerra
y en la gran fuerza de sus jinetes,
pero no toman en cuenta al Santo de Israel,
ni buscan al Señor!
Isaías 31:1

La vida del hombre transcurre en una sola preocupación y búsqueda de consolidar su seguridad. Desde que nacemos buscamos la seguridad que nos da el seno de nuestra madre y más adelante siempre buscamos la seguridad que nos ofrece la cobertura de nuestros padres. Cuando estudiamos, lo hacemos para asegurarnos de que más adelante podamos tener un buen empleo. Al trabajar, nos aseguramos de que podamos incrementar y mantener un flujo de ingresos constante que nos permita la seguridad de cubrir nuestras necesidades básicas y los gastos de la vida diaria. También, si es posible, ahorramos dinero para asegurarnos de que contaremos con suficientes recursos en caso de que se presente alguna contingencia. También buscamos seguridad financiera para nuestra vejez. Y ya cuando estamos llegando al final de nuestro camino terrenal nos aseguramos de que nuestro fallecimiento no se convierta en una carga financiera para nuestros seres queridos. Muy pocos se dan cuenta de que después de la muerte física nos queda una larga existencia, ya no en este mundo, para la  cual también debemos estar preparados y asegurados. Toda nuestra confianza la ponemos en las riquezas, pocas o muchas, que podamos acumular. Y así nos pasamos toda la vida trabajando arduamente para consolidar nuestra seguridad sin darnos cuenta de que la verdadera seguridad sólo proviene de Dios.

¿Dónde están los cimientos de tu fortaleza? ¿Qué es lo que te hace sentir seguro (o inseguro)? ¿Que situación temes pueda ocurrir que cause la conmoción de tu seguridad? ¿Qué has estado haciendo al respecto? En cualquier caso debes buscar primero el apoyo de Dios. Sin él nunca podrás tener una genuina firmeza. Necesitas hacer como el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. “Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca.” Necesitas colocar toda tu confianza en Dios, buscando primero su reino y su justicia y todas las cosas que necesitas te serán añadidas. Así que no perdamos el sueño por causa de la inseguridad sino coloquemos toda nuestras angustias en las amorosas manos de nuestro Señor Jesucristo. Tanto ahora como en la eternidad no hay mayor fuente ni garantía de seguridad que él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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