La palabra de hoy 4 de agosto de 2011


Tú me cubres con el escudo de tu salvación,
y con tu diestra me sostienes;
tu bondad me ha hecho prosperar.
Me has despejado el camino,
así que mis tobillos no flaquean.
Salmos 18:35-36

Cuando caminamos por el centro del sendero del plan que Dios ha diseñado para nosotros, sus hijos, podemos observar que nuestro andar tiene, entre otras, las siguientes cualidades: protección, apoyo, prosperidad y ligereza. La protección la obtenemos porque somos muy apreciados ante los ojos de Dios. Hemos sido comprados por precio y un precio muy alto, valga la pena recalcar. Dios no va a permitir que lo que tanto le ha costado se pierda por no haberlo protegido. Así que, celosamente, cuida en todo momento de su valiosa adquisición. Recordemos que Dios guarda a su pueblo como a la niña de sus ojos. Lo segundo es el apoyo. Dios nos concede las fuerzas y la energía para llevar a cabo cualquier actividad, por pesada que sea, que realicemos en función de establecer su reino. Nuestra fortaleza se verá renovada día tras día para que podamos acometer grandes cosas con las que podamos exaltar el nombre de Dios.

La tercera cualidad es la prosperidad. Cuando hablamos de prosperidad no nos estamos refiriendo a la tan manida prosperidad financiera que algunos mercachifles de promesas andan ofreciendo con sus mensajes edulcorados para explotar a los ingenuos. Prosperidad es avanzar con velocidad por el sendero o la ruta que nos hemos trazado para alcanzar los hitos y los objetivos del plan de Dios para nuestras vidas. Nuestro avance será consistente y en la dirección correcta. La cuarta cualidad es la ligereza. Con un camino allanado y libre de obstáculos podremos avanzar sin tropiezos ni dificultades. Cuando las cosas son de Dios, se van dando con pasmosa facilidad y muchas veces nos sorprendemos de la manera tan expedita e inesperada con que se van desarrollando los eventos. Contando con toda esta insuperable ayuda, avancemos pues, por el sendero que Dios ha preparado para nosotros y confiemos en su protección, apoyo, bondad y preparación. ¡Sólo a Dios sea la gloria.

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