La palabra de hoy 5 de agosto de 2011


Se acordarán del Señor y se volverán a él
todos los confines de la tierra;
ante él se postrarán
todas las familias de las naciones,
porque del Señor es el reino;
él gobierna sobre las naciones.
Salmos 22:27-28

Algo que siempre ha caracterizado al mundo es la división. El mundo en general ha demostrado una gran  incapacidad para trabajar unidos hacia el logro de objetivos comunes. Algunas naciones han tratado de establecer acuerdos y pactos que les permitan trabajar con reglas del juego bien definidas que les permitan eliminar las trabas burocráticas y así poder  progresar económicamente. No obstante, por detrás de estos acuerdos imperan los intereses nacionales y tan pronto se presenta una crisis salen a relucir las diferencias de criterios y las desavenencias en materia de políticas económicas, fiscales y monetarias. Muchos de estos desacuerdos terminan en trágicos conflictos bélicos con gran derramamiento de sangre. Los sistemas políticos y económicos desarrollados por la humanidad han mejorado notablemente a lo largo de la historia pero todavía presentan graves fallas que originan desbalances sociales y férreas dictaduras.

Cuán diferente será en un futuro no muy lejano cuando el gobierno mundial esté bajo la perfecta autoridad del Rey de reyes y Señor de señores, el Cordero que pudo abrir los sellos, nuestro Señor Jesucristo. Todas las naciones experimentarán una bonanza cual no se ha visto jamás. Los pueblos acudirán en masa a presentar sus respetos y a rendir honores y todos reconocerán multitudinariamente la majestad del Señor. Ya no habrán diferencias basadas en la religión porque la religión será desechada y sustituida por la verdadera y pura manera de disfrutar de una relación con Dios. Ya no habrá política que nos divida. Todos unánimes nos someteremos a la única y perfecta autoridad con alegría y satisfacción y ante el nombre de Jesús toda rodilla se doblará en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. Mientras tanto, miremos con esperanza ese glorioso futuro que viene en camino. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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