La palabra de hoy 6 de agosto de 2011


Ya que no toman en cuenta las obras del Señor
y lo que él ha hecho con sus manos,
él los derribará
 y nunca más volverá a levantarlos.
Salmos 28:5

Nunca deja de sorprenderme la audacia y arrogancia con que algunos científicos tratan el tema de la creación del universo. Sus teorías cambian constantemente y no les importa que sus hipótesis sean descartadas a cada rato con base a nuevos descubrimientos o que no puedan ser probadas. Mientras más descabelladas sean sus ideas, más relevancia y renombre ganan dentro del mundo científico. En sus discursos eliminan por completo la conjugación de los verbos en los tiempos presente, pretérito y futuro y se limitan al tiempo condicional. Sus palabras favoritas son: quizás, tal vez, no se sabe, creemos, posiblemente, a lo mejor, acaso y otras parecidas que no afirman nada, todo lo suponen y a nadie comprometen. Y no es que el creyente tenga una mejor idea de como ocurrieron las cosas puesto que desde el punto de vista del método científico no hay manera de comprobar como sucedió la creación ya que sería necesario que nos remontásemos al momento de los hechos y eso es imposible para nosotros los humanos. El hijo de Dios cuenta con la revelación dada por Dios por medio de su palabra. La narración de los hechos proviene del testimonio de quien estuvo presente en tan importante acontecimiento. Esta información jamás podrá ser hallada mediante la aplicación del método científico.

Dejemos que los científicos sigan nadando en su océano sin fondo del ateísmo a priori y se enreden cada vez más con sus teóricas disquisiciones. Su destino es la angustia y la desesperación que produce el no encontrarle sentido a su existencia. Han rechazado a Dios y tercamente se han negado a darle a él una oportunidad para que les demuestre su realidad, su presencia y su poder. De no corregir su desprecio por las cosas de Dios tendrán que enfrentarse a una terrible condenación que ya está decretada. Nosotros, por nuestra parte, aferrémonos a las revelaciones que Dios nos ha entregado por medio de su perfecta palabra y regocijémonos al andar a la luz de su verdad. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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