La palabra de hoy 8 de agosto de 2011


Estoy ardiendo de fiebre;
no hay nada sano en mi cuerpo.
Me siento débil, completamente deshecho;
mi corazón gime angustiado.
Salmos 38:7-8

Cuando nos encontramos con poca salud es difícil comprender las razones de lo que nos está sucediendo. En primer lugar porque nuestras facultades se encuentran en un estado aletargado y nos cuesta hilar los pensamientos. En segundo lugar porque nuestra atención se centra en aquello que nos está causando daño o dolor y nos abstraemos del entorno. Nuestro estado de ánimo decae y nos faltan las fuerzas para emprender casi cualquier tarea. En una especie de círculo vicioso, el desánimo va tomando más control de nuestra situación y pronto nos encontramos en un estado tal de postración que somos incapaces de levantarnos. Nuestro cuerpo, del cual hemos abusado con tareas y cargas excesivas, aprovecha el estado de desánimo e inactividad para pasarnos factura por los excesos a que fue sometido. Al final, llega la angustia para apoderarse de lo poco que nos queda sano y controlarnos como a dócil bestia de carga. La inseparable compañera del desánimo, la tristeza, hace acto de presencia para completar la situación.

No es raro ver la situación antes descrita aparecer de vez en cuando en la vida del hijo de Dios. Vivimos vidas complicadas porque no controlamos nuestro acceso a todo aquello que demanda nuestra atención y créanme, son muchas las cosas que esta postmoderna sociedad ha desarrollado para mantenernos ocupados o entretenidos. De allí que siempre estemos muy afanados y no precisamente atendiendo las cosas más importantes. Lo peor es que nos olvidamos de cuán fácil es acudir a nuestro Padre celestial para pedirle que nos libre del torbellino que nos trastorna. El rey David, cuando se vio en una situación similar, exclamó: “Yo, Señor, espero en ti; tú, Señor y Dios mío, serás quien responda.” Esta simple manera de enfrentarnos exitosamente a la situación que nos agobia es la clave para alcanzar la victoria sobre las dificultades. Nuestro papel es esperar en el Señor, es decir, dejar de buscarle una solución al asunto por nuestros propios medios y entregar los problemas a Dios como demostración de la confianza que en él hemos puesto. El papel de Dios es respondernos de acuerdo a nuestras necesidades de desarrollo espiritual, ya sea con una solución o con una lección o prueba adicional que nos ayude a madurar, aprender y mejorar nuestra relación con él. Ya lo sabes: Tú esperas y el Señor responde. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a La palabra de hoy 8 de agosto de 2011

  1. Alejandra dijo:

    Hola

    Me llamo Alejandra y soy administradora de un directorio web/blog y me ha gustado mucho su sitio.

    Me gustaría contar con su sitio en mi directorio, a cambio solo pido un pequeño enlace a mi página de películas, ¿Qué le parece la idea?

    Mi correo es: ale.villar@hotmail.com

    Un beso! y SueRte con su BloG!
    Alejandra Villar

    • pacifista dijo:

      Estimada Alejandra, con fecha 9 de agosto le envié un email con unos comentarios acerca de su propuesta. Le agradezco su gentil respuesta.
      Bendiciones
      Fernando Guilarte
      Pacifista

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