La palabra de hoy 4 de septiembre de 2011


Perseguí a mis enemigos, les di alcance,
 y no retrocedí hasta verlos aniquilados.
 Los aplasté. Ya no pudieron levantarse.
¡Cayeron debajo de mis pies!
Salmos 18:37-38

Los hijos de Dios siempre se encuentran envueltos en una batalla muy especial. A diferencia de los conflictos bélicos que vemos presentarse todos los días en varias parte de este ancho mundo, los cristianos no tienen que combatir con otros seres humanos. La lucha de los cristianos es contra las pasiones que guerrean dentro de ellos mismos. Santiago, el hermano del Señor Jesús lo describió de esta manera: “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.” [1]  También dice:Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.” [2] El apóstol Pablo lo presenta de esta manera: “Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.” [3]

Nuestros enemigos no son otros creyentes, ni siquiera quienes no creen en Dios o quienes creen en falsos dioses. Nuestros enemigos se encuentran en nuestro propio ser y en el ámbito espiritual. La parte más difícil de manejar es cuando tratamos de no personalizar a quienes se enfrentan a nosotros para adversarnos y hostigarnos. Ellos no son quienes deben ser objeto de nuestros ataques o contra quienes debemos presentar defensa. Detrás de cada una de esas personas hay una gran cantidad de seres espirituales de diferentes rangos organizados para presentar batalla contra nosotros. Si no sabemos quién es nuestro enemigo en el campo de combate ¿cómo podremos apuntar nuestros cañones contra los ejércitos que se nos oponen? Así que humillémonos delante del Señor y el nos exaltará y nos concederá la victoria sobre nuestros verdaderos enemigos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Santiago 4:1-4
[2] Santiago 4:7
[3] Efesios 6:12
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