La palabra de hoy 6 de septiembre de 2011


La voz del Señor lanza ráfagas de fuego;
la voz del Señor sacude al desierto;
 el Señor sacude al desierto de Cades.
Salmos 29:7-8

La naturaleza obedece en todo momento las leyes establecidas por Dios desde su creación. El tiempo, en todas sus expresiones meteorológicas, se comporta de acuerdo a patrones pre-definidos por la infinita sabiduría divina. Con todo y eso, cuando Dios habla, la creación se estremece y reacciona a su majestuosa voz mediante cambios significativos en su comportamiento. Si la naturaleza, que no posee personalidad, reacciona de esta manera, cuánto más debería hacerlo la raza humana que es lo más preciado de su creación. No obstante, a pesar de que nunca ha habido un momento en la historia del hombre en que se haya predicado la palabra de Dios tanto como está ocurriendo hoy en día, el hombre continúa su avance por caminos que cada día lo alejan más de Dios. Ellos no quieren saber de nada que tenga que ver con el Creador. Prefieren creer a pies juntillas en un caprichoso e impredecible azar, aún cuando reconocen que el universo tiene un set de parámetros básicos de acuerdo a los cuales funciona sin salirse de sus límites. A ellos ya no les impresionan los misterios de la vida y las maravillas del Espíritu Santo de Dios pues se han circunscrito a su propio rincón del universo donde las cosas funcionan aproximadamente de acuerdo a sus fantasiosas teorías.

Como hijos de Dios debemos buscar la presencia e influencia de Dios en todo lo que nos rodea. La creación de Dios es perfecta y cumple todos los propósitos para los cuales fue creada. Aunque no comprendamos totalmente por qué Dios permite que tantas personas se vean afectadas por los fenómenos meteorológicos, debemos estar dispuesto a ayudar con todo lo que esté a nuestro alcance para que estas personas puedan regresar a la normalidad lo más pronto posible. El amor con que tratemos a estas personas afectadas por los embates del tiempo hablará también con alta y sonora voz a sus maltrechos corazones, trayendo esperanza, entendimiento y la posibilidad de experimentar el amor de Dios en toda su extensión. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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