La palabra de hoy 7 de septiembre de 2011


Pero el Señor cuida de los que le temen,
de los que esperan en su gran amor;
él los libra de la muerte,
y en épocas de hambre los mantiene con vida.
Salmo 33:18-19

Mucha gente basa su seguridad y su bienestar en el saldo o balance que a final de mes el banco le informa que tiene a su favor. Otros, se ufanan del trabajo que desempeñan y al que le dedican largas horas a expensas de la salud y del equilibrio mental. Algunos, cuales dignos imitadores de Narciso, pasan largas horas frente al espejo estudiando cada detalle de su apariencia y disfrutando del rostro o la figura que poseen. También hay quienes hacen del ejercicio un modo de vida que ocupa todo su tiempo disponible. Y así hay una gran cantidad de gente ocupada en varios asuntos y entretenimientos, buscando la seguridad y la protección de algo que les haga sentirse llenos y satisfechos. Pero en lo que se refiere a Dios, ellos sienten que Dios es un vago concepto o un mito que sus padres les enseñaron cuando niños pero que ahora que están en plena “madurez” física y mental ya no tiene ninguna importancia, especialmente cuando lo comparan con la responsabilidad de garantizar el sustento y de alcanzar el éxito.

Por supuesto que la vida consta de muchas cosas y debemos mantener un equilibrio entre todas ellas para evitar deslizarnos hacia los extremos. Lo que si no podemos ignorar es el fundamento de la vida. Todo lo que somos, hacemos o tenemos viene de Dios. Es un craso error pretender llevar adelante una vida equilibrada cuando hemos dejado a un lado al fundamento del equilibrio. La casa construida por el hombre prudente no se derrumbó cuando cayeron las lluvias, crecieron los ríos y soplaron los vientos porque estaba cimentada sobre la roca. Muy diferente fue el resultado que obtuvo el insensato, quién no le puso atención a los cimientos y construyó su casa sobre la arena. [1] ¿De quién dependes, en quién esperas y a quién temes? El único que puede garantizarte protección, sustento, libertad y misericordia es el Señor Jesucristo. Sin él, nada de lo que hagas podrá llevarte a la seguridad y el bienestar. ¡Búscalo ya! ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Mateo 7:24-27
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