La palabra de hoy 12 de septiembre de 2011


Nadie puede afirmarse por medio de la maldad;
sólo queda firme la raíz de los justos.
Proverbios 12:3

Con todo y que la tierra no es el cielo y que el mundo se encuentra bajo el control del maligno, a lo largo de la historia podemos observar que aunque el mal ha estado presente en todo momento y en todo lugar, el mal nunca ha podido prevalecer sobre el bien. La historia está repleta de ejemplos de naciones y movimientos poderosos cuyo único propósito ha sido dominar y enriquecerse a costillas de otras naciones y pueblos más débiles o menos inclinados a la guerra. Aún así podemos ver que ninguno de estos reinos ha podido durar por mucho tiempo pues tarde o temprano han terminado derrumbándose y sus malvados planes han caído en el fracaso. Sabemos también que al final de todo, cuando el Señor Jesucristo regrese por su iglesia, el enemigo será totalmente inutilizado y ya no podrá ser capaz de seguir sembrando mentiras y discordias entre los hombres. En ese tiempo se oirá un potente voz que viene del trono celestial que dirá: “«¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.» [1]

Con toda nuestra esperanza puesta en ese glorioso momento cuando todas nuestras penas y desdichas dejarán de ser por siempre, marchemos por el sendero de justicia que Dios ha preparado para nosotros. No importa cuantas injusticias podamos observar en los otros senderos que no son de Dios, sabemos que al final el mal no tendrá lugar que ocupar en medio de la creación y por lo tanto desaparecerá por completo para nunca más estar presente o ser recordado. Tal como le dijo el ángel al apóstol Juan cuando le reveló este glorioso futuro: “«No guardes en secreto las palabras del mensaje profético de este libro, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca. Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose.»” [2] Hagamos, pues la parte que nos corresponde, compartir el mensaje de salvación y continuar santificándonos. ¡Ahora es cuando hay esperanza pues Jesús ya logró la victoria sobre el pecado y la muerte! ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Apocalipsis 21:3-4
[2] Apocalipsis 22:10-11
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