La palabra de hoy 15 de septiembre de 2011


Bendito sea Dios el Señor,
el Dios de Israel,
el único que hace obras portentosas.
Bendito sea por siempre su glorioso nombre;
¡que toda la tierra se llene de su gloria!
Amén y amén.
Salmos 72:18-19

Cuando la adversidad nos golpea debemos bendecir el santo nombre de Dios. Cuando el enemigo se ensaña contra nosotros debemos alabar el glorioso nombre de Dios. Cuando lo imprevisto nos sorprende debemos buscar el santo rostro de Dios. Cuando la duda y la confusión nos embargan debemos apegarnos a nuestro Señor Jesús. Cuando el destino nos hace una mala jugada debemos humillarnos ante la poderosa mano de Dios. Cuando no entendemos lo que sucede a nuestro alrededor debemos tornar nuestra mirada a Dios. Cuando el dolor se apodera de nuestros corazones y se niega a dejarnos en paz debemos acudir al trono de gracia de nuestro Padre celestial. Cuando la realidad nos aturde y entumece nuestros pensamientos debemos clamar a Dios por su socorro. Cuando no encontramos las palabras que nos pueden dar consuelo debemos buscar la protección de Dios Todopoderoso. Cuando no sabemos cuando será que lograremos salir de un amargo momento debemos aferrarnos a los pies de nuestro Salvador. Cuando las respuestas no aparecen y las preguntas se acumulan debemos levantar la mirada a nuestro Señor. Cuando la aflicción destroza nuestro corazón debemos escudarnos en el lugar santo de su presencia. Cuando se acaban las palabras y el llanto ocupa su lugar debemos rendir nuestra voluntad al Dios Altísimo. Cuando la alegría no quiere regresar a nuestras vidas sólo podemos hallar paz y consuelo en los amorosos brazos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Sólo él tiene todas las respuestas a todas las inquietudes e interrogantes de la humanidad. Sólo en él podemos encontrar razones y respuestas a nuestras dudas y extravíos. Sólo sus manos pueden sacarnos del profundo atolladero en que se encuentran atrapados nuestros pies y nuestro corazón. Nuestro amado Jesús es la solución ¡Sólo a Dios sea la gloria! ¡Bendito sea por siempre su santo nombre!

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