La palabra de hoy 18 de septiembre de 2011


La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono,
y tus heraldos, el amor y la verdad.
Salmos 89:14

He aquí cuatro cosas que la gente buena anhela pero el mundo rara vez ofrece: justicia, derecho, amor y verdad. El mundo no puede ofrecer lo que no tiene y tenemos que entender que es una necedad esperar que el mundo nos dé algo que sólo podemos hallar en Dios. Estas cuatro cosas están personificadas en Jesucristo y aún así el mundo lo rechazó porque no pudo reconocer en él a su Creador y Señor. Ahora bien, estas cuatro virtudes deben estar presentes en nuestra vida si queremos ser verdaderos testigos de las maravillas de Dios. En toda decisión debemos asegurarnos de que se impondrá la justicia. Si por nuestras acciones alguien está saliendo perjudicado entonces no estamos actuando con la justicia y equidad que Dios espera de nosotros. Por otra parte debemos asegurarnos de que en toda actividad que llevemos a cabo estemos cumpliendo con las leyes y los reglamentos establecidos, siempre y cuando éstos no nos lleven a hacer algo que desagrada a Dios. En cuanto al amor, ¿qué podríamos agregar a las exhortaciones del apóstol Juan, quien nos instó a permanecer en el amor, y así permanecer en Dios, y Dios en nosotros pues Dios es amor. En cuanto a la verdad, no hay manera más fácil de mantener al enemigo alejado de nuestro camino que andar en la verdad. Él, como padre de la mentira, aborrece la verdad y al igual que donde hay luz no puede haber oscuridad, donde está la verdad, la mentira no tiene cabida.

Aunque el mundo en general no practique estas cosas, debemos recordar que en el ADN espiritual de todo ser humano está faltando una secuencia de nucleótidos que sólo puede ser completada por la presencia de Dios y por lo tanto, todos están bajo condenación a menos que Dios los salve por medio de la obra salvadora de Cristo en la cruz del monte de la calavera. Que todo el mundo se entere de que la única manera de llenar el vacío que hoy existe en sus vidas es mediante el arrepentimiento de sus pecados, el perdón de Dios y la presencia de Jesucristo en sus vidas. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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