La palabra de hoy 30 de septiembre de 2011


«Cansado estoy, oh Dios;
cansado estoy, oh Dios, y débil.
Soy el más ignorante de todos los hombres;
no hay en mí discernimiento humano.
No he adquirido sabiduría,
ni tengo conocimiento del Dios santo.»
Proverbios 30:1b-3

En línea con el más típico estilo socrático, Agur ben Jaqué ─quizá un seudónimo del rey Salomón─ nos da su versión del conocido “Sólo sé que no sé nada” que cinco siglos más tarde enunciaría el conocido filósofo griego Sócrates. Cuestionando su propio grado de conocimiento de Dios y del plan de Dios, Agur se describe a sí mismo como un perfecto ignorante, lo cual a su vez le lleva a hacerse unas preguntas cuyas respuestas sólo pueden ser halladas en la revelación de Dios por medio de su palabra y de su creación. Ésto contrasta con la típica conducta del ser humano de pretender que todo lo que se necesita saber ya lo sabe y que la revelación de Dios no tiene valor. El apóstol Pablo describe esta característica del ser humano de la siguiente manera: “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles.” [1]

“El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.” nos explica el rey Salomón. [2] Vana empresa es pues tratar de alcanzar la sabiduría si antes de empezar la investigación se ha negado a Dios y toda posibilidad de su existencia. Triste y difícil tarea tiene aquellos que han iniciado su búsqueda del conocimiento alejados de la revelación del Dios Todopoderoso. Busquemos siempre nutrirnos de la palabra de Dios y recibiremos conocimiento y sabiduría de lo alto. Sigamos el ejemplo de Pablo: “Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado.” [3] Ésta es la verdadera sabiduría. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

[1] Romanos 1:21-23
[2] Proverbios 1:7
[3] 1 Corintios 2:2

 

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