La palabra de hoy 15 de octubre de 2011


Ellos no tienen ningún problema;
su cuerpo está fuerte y saludable.
Libres están de los afanes de todos;
no les afectan los infortunios humanos.
Por eso lucen su orgullo como un collar,
y hacen gala de su violencia.
Salmos 73:4-6

Una de las herramientas favoritas de nuestro adversario Satanás es el estarnos sugiriendo constantemente que vivamos comparándonos los unos con los otros. Esto lo hacemos a cada rato con relación a los atributos físicos, el éxito (tal como el mundo lo mide), los estudios, los bienes, el vehículo que conducimos, la ropa que vestimos, la casa en que moramos, y tantas otras cosas más. Nuestra vida se convierte en una constante comparación y competencia por colocarnos por encima de los demás simplemente para satisfacer nuestro orgullo y concederle la victoria a nuestro enemigo verdadero. Una de las causas más frecuentes de depresión es el fracaso en alcanzar el estereotipo de la belleza o de la prosperidad. Cirujanos plásticos y asesores financieros (laicos y religiosos) han forrado sus bolsillos de dinero y han pagado la educación universitaria de sus hijos por cuenta de estas personas que han prestado atención a los casi imperceptibles pero muy efectivos susurros del demonio.

La única manera de romper esta atadura es mediante la exposición constante a la palabra de Dios. Sólo la palabra de Dios nos provee la perspectiva correcta para quebrar la unión de nuestra voluntad con la falsa apariencia del mundo y sus seguidores. Nuestros objetivos y metas como hijos de Dios son muy diferentes a los objetivos y metas del mundo. Nuestros enemigos buscan la destrucción de nuestras vidas y si vivimos poniéndole más atención a ellos que a lo que nos ordena nuestro Señor Jesús ellos lograrán su objetivo de acabar con nuestra paz, salud y felicidad. Cada vez que sientas envidia o rabia porque alguien tiene o hace algo que tú no puedes tener o hacer recuerda que estamos aquí pasajeramente y que las verdaderas riquezas y posesiones con las que podemos contar son las que hemos acumulado en el cielo en virtud de nuestra obediencia a Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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