La palabra de hoy 19 de octubre de 2011


Muchos buscan congraciarse con los poderosos;
todos son amigos de quienes reparten regalos.
Proverbios 19:6

Otro de esos “detallitos” o “pequeños” defectos que tiene la naturaleza humana en general es su constante tendencia a buscar el sendero  que ofrezca menor resistencia. Queremos que todo sea fácil, que nada nos cueste, que no tengamos que sudar por nada. Es decir, amamos todo lo que signifique el menor esfuerzo posible. Los fabricantes de alimentos lo saben muy bien y por eso han tenido tanto éxito con sus líneas de productos “listos para comer” Cualquier cosa que pueda estar listo en 5 o 10 minutos y que sólo requiera destapar una lata, abrir una caja, sacr del congelador o pulsar unos botones en un horno de microondas recibirá la aceptación general del público. Estas tendencias a la comodidad y la vida fácil también es del conocimiento de los políticos, quienes se aprovechan al máximo de ellas, especialmente durante las campañas electorales. Una mezcla de obsequios de bajo costo, tales como licuadoras, ollas arroceras y máquinas de lavar baratas son utilizadas por los jefes de campaña para comprar votos a diestra y a siniestra. Las débiles mentes de muchos votantes se llenan de esperanza cada vez que un político les ofrece la falsa promesa de una vida más fácil y mejor y acompaña su promesa con un obsequio.

Los únicos regalos que nosotros los hijos de Dios debemos esperar son los dones que el Espíritu Santo de Dios tenga a bien darnos para el bien de los demás según él lo determina y no de acuerdo a nuestro gusto o voluntad. Como dijo el apóstol Pedro: ” Cada uno ponga al servicio de los demás el don que hay recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.” Para todo lo demás, trabajemos para ganarnos la vida. Por supuesto, si podemos determinar maneras de hacer las cosas más eficientemente y con menos esfuerzo, las podemos y debemos poner en práctica siempre y cuando no lo estemos haciendo a expensas de la calidad de nuestra labor y servicio. No demos lugar a la carne y sus pasiones sino dejemos que el Espíritu guíe nuestros pasos. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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