La palabra de hoy 4 de diciembre de 2011


Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
Salmos 19:8

Todo el mundo se la pasa todo el tiempo enfrentando dilemas éticos y morales. Ésto nos sucede con tanta frecuencia que en muchas ocasiones nuestras decisiones son automáticas e instantáneas. Estas decisiones se toman sin mucho análisis ni mucha consideración de las posibles consecuencias que ellas puedan traer sobre la persona. En la gran mayoría de los casos, incluso para quienes andan en los caminos del Señor desde hace tiempo, estas decisiones son erróneas y van en contra de lo que Dios ha establecido como bueno en su palabra. Oímos que la gente dice que hagamos lo que nos indique el corazón. Ésta es una frase muy bonita pero presenta un grave problema. Nadie puede dar lo que no tiene. La mayoría de los corazones no conocen a Dios y por lo tanto esos corazones no van a indicarle a sus dueños la mejor manera de proceder puesto que no saben que es lo verdaderamente bueno. Por ello, es necesario que nuestras decisiones las tomemos siempre a la luz de la palabra de Dios y para esto es necesario que conozcamos muy bien su palabra y la tengamos atesorada en nuestro corazón.

Si al tomar decisiones nos basamos en lo que dice la palabra de Dios y no en lo que nos dice el mundo o nuestras emociones podemos tener la certeza de estar actuando correctamente. El mundo y la carne no son de confiar. De hecho, junto con Satanás, el mundo y la carne son nuestros enemigos y si hacemos las cosas de acuerdo a los deseos de nuestros enemigos ya se podrán imaginar cómo hemos de terminar, ¡en derrota! Permanezcamos, pues, asidos de la mano de nuestro Señor y fundamentados en las instrucciones que Dios nos ha dado por medio de su palabra. Sólo así tendremos la garantía de que vamos a hacer las cosas de acuerdo a la perfecta voluntad de Dios. Poniendo nuestra confianza en Dios nos permitirá tomar las decisiones más acertadas y por ende las cosas nos han de salir bien. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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