La palabra de hoy 7 de diciembre de 2011


Esperamos confiados en el Señor;
él es nuestro socorro y nuestro escudo.
En él se regocija nuestro corazón,
porque confiamos en su santo nombre.
Que tu gran amor, Señor, nos acompañe,
tal como lo esperamos de ti.
Salmos 33:20-22

La ignorancia es algo harto peligroso. La gente que no conoce a Dios─y aún muchos que lo conocen─son capaces de poner su esperanza en cualquier cosa o persona. Es así como muchos políticos inescrupulosos─¿cuál no lo es?─se aprovechan de esta característica de la raza humana para explotar al ignorante pueblo. Cosa que también hacen los estafadores de cuello blanco. La gente pone su esperanza en políticos, caudillos, programas sociales, promesas electorales, el premio gordo de la lotería, ofertas de sanidad, métodos para alcanzar la felicidad, productos para reducir de peso, santos, hechiceros, horóscopos, videntes, hierbas para aumentar la potencia sexual, fajas para mejorar la figura femenina, cremas para eliminar las arrugas, perfumes para atraer pareja, cápsulas que resuelven todos los problemas de salud comenzando por la caspa y terminando con los callos y todo aquello que se encuentre entre estas dos aflicciones incluyendo caries, colitis, cáncer y cataratas y planes financieros para hacerse millonario en corto tiempo. Cuando la gente tiene necesidades cualquiera que venga con una oferta, sea cierta o engañosa, será recibido con alegría y se le prestará gran atención. Diga lo que diga el engañador, los necesitados y desposeídos pondrán su esperanza en el traficante de esperanzas porque desconocen quien es la única esperanza real.

Dejemos ya de estar soñando fantasías y pongamos los pies sobre la tierra. La solución no está en la política que trata de resolver los problemas de la sociedad para mejorar las condiciones de vida del hombre sino en transformar al hombre para que éste a su vez transforme a la sociedad y podamos todos vivir en un mundo mejor. Ni la política ni las religiones pueden hacer algo por el hombre. Sólo Jesucristo tiene la solución en sus manos, tratando con los hombres, uno a la vez para lograr su transformación por medio de la renovación de sus mentes y el amor sin límites que demostró en la cruz del monte de la calavera. Cristo es la solución y punto. Pon tu esperanza  sólo en él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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