La palabra de hoy 11 de diciembre de 2011


Cuando el justo prospera, la ciudad se alegra;
cuando el malvado perece, hay gran regocijo.
Proverbios 11:10

A pesar de que el mundo se encuentra bajo la dirección y control del maligno, las grandes masas se alegran cuando el bien triunfa sobre el mal. La gente termina dándose cuenta de la falsedad absoluta de las promesas que el mundo ha hecho y cuando ve que la justicia y la verdad se imponen, el pueblo despierta del letargo en que ha caído por estar escuchando los cantos de las sirenas apostadas a ambos lados del acantilado estrecho de las pruebas y las tribulaciones. La porción de hoy nos habla de dos grandes razones por las cuales el pueblo se llena de gozo. La primera es cuando el justo triunfa porque el pueblo sabe que el éxito y la prosperidad que típicamente acompañan al justo serán compartidas con todos. El pueblo sabe que Dios ha respondido el clamor de todos aquellos que se vieron tiranizados por la férrea mano del malvado gobernante. El pueblo sabe que con el ascenso del justo al poder vendrá una nueva etapa en la vida de la nación en la que los valores y la justicia serán restablecidos.

La otra razón es cuando el malvado perece. Recientemente hemos visto como algunos dictadores que se habían apropiado indebidamente del poder mediante la fuerza, la violencia y la injusticia se han visto desplazados del poder que había ejercido por muchos años sobre un pueblo dominado por el terror del abuso y la impunidad de sus tiranos. Ésto también es percibido por el pueblo como una respuesta de Dios al llanto y clamor de sus hijos, quienes día tras día levantan su voz al Padre celestial para que cese la pesadilla que están viviendo. Entendamos que los que ostentan cargos de dirección en el gobierno del pueblo, con todo lo mal que algunos de ellos se comportan, están circunscritos al perfecto plan de Dios y cuando Dios lo decida dejarán de ser junto con su maldad y su corrupción. Confiemos en Dios, en su plan y en su poder. De la mano del Señor Jesús marchemos hacia adelante con la convicción de que nuestro destino es la victoria y la mansión celestial. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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