La palabra de hoy 18 de diciembre de 2011


»Pero si sus hijos se apartan de mi ley
y no viven según mis decretos,
si violan mis estatutos
y no observan mis mandamientos,
 con vara castigaré sus transgresiones
y con azotes su iniquidad.
Salmos 89:30-32

Leyes, decretos, estatutos y mandamientos; muchos tratan de justificarse a sí mismos diciendo que las exigencias de Dios con relación a nuestra conducta no pueden venir de él puesto que él es todo amor. La idea es que todas las advertencias que Dios nos hace para evitar que nos portemos mal sean desechadas como inválidas y espurias. Ésto no es sino una cobarde vía de escape de sus responsabilidades. La palabra de Dios es muy clara al respecto; Dios disciplina a sus hijos cuando éstos no cumplen con las exigencias de la santidad. Y aún cuando fuese cierto que Dios no nos castiga porque nos ama, todavía quedan las consecuencias del pecado con las cuales tendremos que tratar por el resto de nuestras vidas. No nos engañemos, Dios disciplina a quienes ama y sus castigos disciplinarios pudieran parecer dolorosos  y desproporcionados pero ellos son exactamente lo que necesitamos recibir para aprender bien la lección. ¿Ustedes se imaginan a alguien tratando de hacer que una bestia de carga obedezca utilizando caricias y dulces palabras? ¿Cómo, pues, podemos pensar que Dios va a tratar con nuestra terca naturaleza pecaminosa si no es por medio de una justa disciplina?

Dios es amor mas también es justicia y verdad. Él no puede dejar pasar el pecado sin que haya una retribución acorde con la falta. Como muchas veces no nos damos cuenta de las faltas que cometemos, la suave y amorosa disciplina de nuestro Padre celestial se encarga de recordarnos que como hijos de Dios debemos ser santos como él es Santo. Recibamos, pues, con alegría la disciplina que Dios nos imparte pues ésta es una demostración más del amor incomparable que él nos tiene. Veamos la disciplina como una amorosa corrección a tiempo y no como una respuesta airada de Dios a nuestro mal comportamiento. Ella forma parte de nuestra educación. Entendamos que si nuestra conducta fuese correcta, la disciplina no haría falta. La disciplina es una prueba de que somos hijos de Dios. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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