La palabra de hoy 21 de diciembre de 2011


Alaben al Señor, todos sus ejércitos,
siervos suyos que cumplen su voluntad.
Alaben al Señor, todas sus obras
en todos los ámbitos de su dominio.
¡Alaba, alma mía, al Señor!
Salmos 103:21-22

El propósito de la creación es la alabanza de la gloria de Dios. Como criaturas que somos, ese es tu propósito y ese también es mi propósito. Ese es el propósito y razón de ser de los ángeles de Dios y de nosotros sus co-siervos. Esa es la razón de ser de toda las obras de la creación. No obstante, el hombre se ha dejado llevar por las mentiras del enemigo para colocarse él en el centro del universo y declararse a sí mismo como exclusivo recipiente de la alabanza y por ello ha desplazado a Dios a un segundo o tercer lugar de atención. Cuando un director de alabanza en un servicio congregacional le pide a los fieles que alaben a Dios con sus propias palabras, muchos no saben que decir. Tan acostumbrados están a no alabar a Dios que se imitan a balbucear y a repetir una o dos razones por las cuales pueden alabar a Dios.

Los hijos de Dios debemos hacer de la alabanza una práctica diaria y de todo momento. Hay tantas cosas por las cuales alabar a Dios que aunque lo quisiéramos no nos bastaría la vida para mencionarlas todas. Debemos recordar que cada segundo de nuestra existencia se lo debemos a Dios y ese, en sí mismo, es un motivo de alabanza. Podemos y debemos elevar nuestras alabanzas a Dios por las bendiciones que de él recibimos a diario, por el perdón de nuestros pecados, por la sanidad de nuestras dolencias, por la salvación y la vida eterna, por su amor y su compasión, por los bienes con que nos ha provisto en abundancia y por las fuerzas que nos concede para enfrentar las adversidades. Los beneficios que podemos disfrutar por causa de su misericordia, su fidelidad, su gracia, su solidaridad, su justicia, su majestad, su autoridad y su poder son algunas de las numerosas razones por las cuales debemos estar agradecidos delante de él. Los Salmos 103, 104, 105 y 106 son buenos ejemplos de como podemos alabar a Dios. Hagamos de la alabanza una práctica de todos los días y que en cada instante de nuestra existencia podamos identificar muchas razones por las cuales podemos alabar  a nuestro Padre celestial y a nuestro Salvador y Señor Jesucristo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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