La palabra de hoy 15 de enero de 2012


Así son los impíos;
sin afanarse, aumentan sus riquezas.
En verdad, ¿de qué me sirve
mantener mi corazón limpio
y mis manos lavadas en la inocencia,
si todo el día me golpean
y de mañana me castigan?
Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos»,
habría traicionado a tu linaje.
Salmos 73:12-15

Uno de los grandes retos que le toca enfrentar al hijo de Dios durante su peregrinaje por esta tierra es la prosperidad y el supuesto éxito de quienes se oponen abiertamente a los mandamientos de Dios. El sistema instituido en este mundo se encarga de promocionar a quienes han logrado acumular riquezas, independientemente de si éstas fueron obtenidas por medios legales o ilegales. El hecho no es el cómo sino el cuánto. Lo que parece tener más relevancia es el fin y no los medios utilizados para alcanzarlo. Todo el mundo sueña con ganarse el premio gordo de la lotería, aún quienes no compran los boletos. Pareciera que el lema “Éxito es igual a riquezas” estuviese grabado con fuego en la mente de todos. El mismo sistema se encarga de enseñarnos hasta la saciedad que la limitación de recursos es señal de  fracaso y motivo de tristeza. Muchos se desaniman cuando observan que la honestidad no conduce a la riqueza material.

El sabio rey Salomón analizó todas las cosas que tienen que ver con la vida y su propósito. En cuanto a las riquezas materiales dijo lo siguiente: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!” y “Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir.”  Ésta es la realidad de quienes viven atados a la creencia de que el dinero es la felicidad. Como podemos ver, lo cierto es todo lo contrario. Por supuesto, ésto no significa que las riquezas son malas. El don de Dios son las riquezas y su disfrute. El pago que ofrece el enemigo son riquezas acompañadas de dolor y preocupación. Dijo Salomón: “a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios.” Dejemos, pues de fijarnos en los logros materiales de quienes se oponen a Dios y levantemos la mirada a quien realmente nos puede colmar de bienes y felicidad. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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