La palabra de hoy 16 de enero de 2012


Comieron y se hartaron,
pues Dios les cumplió su capricho.
Pero el capricho no les duró mucho:
aún tenían la comida en la boca
cuando el enojo de Dios vino sobre ellos:
dio muerte a sus hombres más robustos;
abatió a la flor y nata de Israel.
Salmos 78:29-31

La Real Academia Española define capricho como: “Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original.” La fuerte influencia que tienen los antojos en el comportamiento humano es bien conocida por los profesionales del mercadeo. Ellos saben que los sentimientos y las emociones juegan un papel fundamental en la respuesta de los compradores a los mensajes promocionales de venta. La gran mayoría de las peores decisiones que cualquiera pueda haber tomado alguna vez en su vida ha estado basada en una respuesta emocional  a un impulso. Los sentimientos y las emociones son malos consejeros. Una persona que se deje llevar por ellos es una persona que no posee carácter ni personalidad. Las decisiones deben ser tomadas como resultado de un análisis concienzudo y meticuloso, tomando en cuenta las instrucciones que Dios nos da por medio de su palabra. Cuando el recién liberado pueblo de Israel pidió carne en el desierto, lo hizo más por capricho que por necesidad.

Por todo esto es necesario que seamos muy cuidadosos al momento de elevar nuestras peticiones a nuestro Padre celestial. No podemos pedirle cuanta cosa se nos ocurra como si Dios fuese una especie de Santa Claus listo para satisfacer nuestros caprichos infantiles. Si ignoramos esta advertencia nos exponemos a que nos suceda lo mismo que le sucedió a los hebreos en Quibrot Hatavá. Allí quedaron muchos postrados en tierra como consecuencia de su descabellada y provocativa conducta. La flor y nata de Israel pereció por no ser sabios sino necios. Miremos, pues, cómo hemos de pedir y qué incluiremos en nuestra oraciones para no caer en el error de Quibrot Hatavá. Santiago, el hermano del Señor dijo: “Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” La respuesta es someterse a Dios y resistir al enemigo. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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