La palabra de hoy 22 de enero de 2012


Que lo digan los redimidos del Señor,
a quienes redimió del poder del adversario,
a quienes reunió de todos los países,
de oriente y de occidente, del norte y del sur.
Salmos 107:2-3

En los labios de los hijos de Dios siempre debe haber una palabra de agradecimiento por lo bueno que Dios ha sido con nosotros. La gracia y la misericordia de Dios se hicieron efectivas en la vida de cada uno de nosotros y eso es más que motivo suficiente para siempre estar agradecidos y satisfechos con lo que somos y tenemos. Si esto es así, entonces ¿por qué a veces nos sentimos como si nos hubiese tocado la peor parte de todo? ¿Por qué nuestro corazón no rebosa de alegría en todo momento por las bondades y bendiciones que Dios nos ha concedido? ¿Por qué decae nuestro ánimo y muchas veces nos sentimos como derrotados y cansados?  Hay dos o tres cosas que ejercen una fuerte influencia en la manera como nos sentimos a diario. Una de ellas es nuestra naturaleza pecaminosa que nos orienta a escuchar los mensajes del mundo y la cizaña del adversario en vez de estar pendientes de las promesas contenidas en la palabra de Dios. Cuando hacemos caso a lo que el mundo nos dice, al constatar que no cumplimos con los criterios de lo que para el mundo se considera éxito, nos sentimos fracasados y frustrados porque todo el esfuerzo realizado ha sido en vano.

Por otra parte tenemos que dependemos mucho de nuestras propias fuerzas y por ello desestimamos el poder de Dios en nuestras vidas. Cuando actuamos contando con nuestras energías nos estamos dirigiendo rápidamente al fracaso porque la gran mayoría de los problemas y las cosas no pueden ser resueltos por nosotros mismos. En tercer lugar se encuentra nuestro limitado intervalo de atención, que es la capacidad que tenemos para enfocarnos en una tarea sin ser distraídos por el entorno, lo cual reduce el tiempo que le dedicamos al estudio de a palabra de Dios. Con estas tres poderosas influencias actuando negativamente en nuestra vida diaria no debe ser sorpresa entonces que el gozo y la satisfacción no formen parte de nuestro constante estado de ánimo. Identifiquemos a esas fuerzas negativas que quieren quitarnos el gozo y combatamos con persistencia su influencia sobre nuestras vidas sumergiéndonos con regularidad en la lectura y análisis del maravilloso don de la palabra de Dios. Así veremos como nuestro ánimo se transforma de tristeza a alegría y de la queja a la alabanza. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 22 de enero de 2012

  1. Elvia Febles dijo:

    Se que Dios esta siempre conmigo. Pido con todo mi corazon que la verdad salga a relucir en cualquier momento. Se que Dios tiene el control de mi vida y sabe lo que esta pasando a mi alrededor. En ti confio Señor Jesus, por eso pido que se haga tu voluntad y no la mia. Te amo mi Dios y sea cual sea tu voluntad yo la voy aceptar porque tu sabes lo que cada uno de nosotros necesitamos…. Amen.

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