La palabra de hoy 31 de enero de 2012


»¡Levanta la voz por los que no tienen voz!
¡Defiende los derechos de los desposeídos!
¡Levanta la voz, y hazles justicia!
¡Defiende a los pobres y necesitados!»
Proverbios 31:8-9

Una cosa en común que tienen los dos sistemas económicos en preponderancia hoy en día, cuales son el capitalismo y el comunismo, es que ambos han logrado, cada uno a su manera, que cada día los ricos sean más ricos y los pobres sean más pobres. Ambos sistemas pueden ufanarse de lo que quieran pero los resultados están a la vista, la pobreza no ha podido ser controlada y mucho menos erradicada. Una diferencia, entre otras, de estos dos sistemas es que en el capitalismo hay ciclos de prosperidad y escasez que se alternan periódicamente mientras que en el comunismo la pobreza es permanente. Aún países como la China Popular, cuya economía, medida en términos de Producto Interno Bruto o PIB, superó al Japón y es más del doble de las economías de Japón e India juntas, ha logrado un segundo lugar a nivel mundial detrás de los Estados Unidos a costillas de sueldos miserables y condiciones de trabajo que rayan en la esclavitud. En definitiva, los pobres siguen siendo mayoría y aún les falta recorrer mucho camino para que dejen de ser pobres.

Ésto no es más que un gran reto que se le ha planteado a la iglesia de Cristo pues no hay otra institución con la capacidad y la motivación necesaria para ayudar y representar al numeroso contingente de los pobres y desamparados con que hoy cuenta el mundo. Ellos necesitan escuchar de Cristo y también necesitan que se les ayude con alimentos y ropa. También necesitan que levantemos la voz por ellos y que exijamos la justicia que por derecho les corresponde. Si la iglesia no se toma en serio este reto ¿quién podrá hacerlo? Esta tarea la podemos llevar a cabo de dos maneras, institucionalmente y personalmente. Participemos pues en los programas de acción social que la iglesia mantiene o hagámoslo de manera personal cuando observemos una necesidad de alguien que se encuentra físicamente cerca de nosotros, pero hagamos algo. Ésto es hacer justicia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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