La palabra de hoy 4 de febrero de 2012


Me has librado de una turba amotinada;
me has puesto por encima de los paganos;
me sirve gente que yo no conocía.
Apenas me oyen, me obedecen;
son extranjeros, y me rinden homenaje.
Salmos 18:43-44

Perder las esperanza es algo que puede ocurrir muy fácilmente, especialmente cuando más nos hace falta , es decir, cuando estamos sumergidos hasta el cuello en graves problemas o  cuando hemos descendido tan bajo que llegamos a tocar fondo. En esos momentos, al analizar nuestra situación, nuestra mente nos indica que no hay posible solución y que todo está perdido. ¿Te has sentido así alguna vez? A mí me ha ocurrido varias veces. Cuando los problemas nos agobian sin descanso y los conflictos surgen de todas las direcciones es muy poco el tiempo con que contamos para enfocarnos en como podemos escapar de la situación. El pánico nos inunda y el prospecto de que nuestra vida cesará se hace muy patente. Aún para un observador externo, que no está directamente siendo objeto de las dificultades, la situación lucirá como algo ineludible y el fracaso se verá como algo inevitable.

A la mente me llegan un par de casos tomados de la palabra de Dios. Uno es el caso de José, el hijo de Jacob. Después de ser vendido por sus propios hermanos a la esclavitud, terminó dando con sus huesos en prisión. Todo iba de mal en peor, de libre a esclavo, de esclavo a preso y si las cosas continuaban así, pronto pasaría de preso a muerto. No obstante, a su debido tiempo Dios lo sacó de la terrible situación en la que José se encontraba y lo elevó nada menos que al segundo puesto de poder y autoridad que había en el reino de Faraón. Si eso no es un impactante y exitoso retorno, no se que lo pueda ser. Al autor del pasaje de hoy, el rey David, también le ocurrió algo parecido. De fugitivo en constante huida llegó a ser un poderoso y exitoso rey que conquistó extensos territorios y amasó grandes fortunas. ¿Te das cuenta de que para Dios no hay nada imposible? No importa cuan grande sea el problema en que te hallas envuelto, Dios siempre podrá bendecirte con una impactante reaparición. Puedes confiar en él. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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2 respuestas a La palabra de hoy 4 de febrero de 2012

  1. Inés dijo:

    QUE HERMOSA REFLEXION! UN PLACER LEERLA YA QUE LA HISTORIA DE JOSE ES MI PREFERIDA Y DE MUCHO ALIENTO CUANDO SIENTO QUE VOY DE MAL EN PEOR, O CUANDO MI SITUACION ES IMPOSIBLE. A DIOS SEA TODA LA GLORIA POR SU MANERA DE OBRAR, POR SUS CAMINOS TAN ALTOS!

  2. Mirna Ester Alvarez Murgas dijo:

    ¡Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos…! ¡¡¡GLORIA A DIOS!!!

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