La palabra de hoy 12 de febrero de 2012


Los malos deseos son la trampa de los malvados,
pero la raíz de los justos prospera.
Proverbios 12:12

La gente mala vive metida en problemas todo el tiempo aunque quieran aparentar lo contrario. El dejarse guiar por su naturaleza pecaminosa les trae contrariedades a granel y les hace tropezar y caer con más frecuencia que lo que a ellos les gustaría. Su corazón está lleno de malos deseos, lo cual les origina contratiempos de dos maneras diferentes pero complementarias. Lo primero es que el principio de la reciprocidad no puede ser violado por lo que todo mal pensamiento que ellos produzcan se convertirá en un bumerán que se devolverá contra ellos y los golpeará con la misma intensidad con que ellos deseen el mal para su prójimo. Por otra parte tenemos que las malas intenciones hacen que el malvado racionalice su actitud y termine convencido de que el fin justifica los medios por lo que hará todo lo posible, usualmente malas acciones, para alcanzar su objetivo de hacer daño a otros, cayendo aún más profundo en su fracaso espiritual.

El justo, por el contrario, permite que su vida esté dirigida por el Espíritu Santo de Dios, por lo que no tiene por qué preocuparse por la reciprocidad. Al contrario, sus buenos deseos serán fuente de bendición para sí mismo. También el Espíritu Santo le imparte sabiduría y discernimiento por lo cual puede darse cuenta inmediatamente si las acciones que va a emprender son justas o malvadas antes de caer en pecado lo que le permite rectificar a tiempo. ¿Cómo quieres vivir? ¿Quieres estar temeroso de que tus malos deseos se traduzcan en graves consecuencias para tu vida? ¿O prefieres dejarte guiar por el Espíritu Santo y vivir apacible y confiadamente? Tuya es la decisión. Busca al Señor Jesucristo con todo tu corazón y él te dará vida y dirección. Sigue sus pasos en todo momento y no permitas que la naturaleza carnal domine tus pensamientos  y tu conducta. Dios te dará la victoria segura. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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