La palabra de hoy 15 de febrero de 2012


Cuando traté de comprender todo esto,
me resultó una carga insoportable,
hasta que entré en el santuario de Dios;
allí comprendí cuál será el destino de los malvados:
Salmos 73:16-17

Si nos dejásemos guiar por los criterios del mundo en cuanto a lo que se considera éxito es muy probable que la gran mayoría de los hijos de Dios terminaríamos quedando en la categoría de los fracasados. Ante los ojos de la sociedad postmoderna somos percibidos como personas intolerantes, inflexibles, tercos e incapaces de mantener un diálogo abierto, como si tener una certeza fuese algo inaceptable. Cuando se está en poder de la verdad, por lo menos en lo que se refiere al mensaje del evangelio de Jesús de Nazaret, es difícil mantener una actitud de humildad y esto no por falta de dirección del Espíritu Santo sino por nuestra naturaleza pecaminosa que aprovecha cualquier oportunidad, aún las cosas buenas, para hacernos trastabillar y caer. En vez de sentir compasión, sentimos lástima. En vez de amor, sentimos desprecio por aquellos que no conocen a Dios ni quieren conocerlo. Les recuerdo y me recuerdo a mí mismo que nosotros nos estamos en este mundo para juzgar a otros sino para compartir con ellos la gloriosa verdad del evangelio. Si ellos aceptan o no lo que le presentamos, es su problema y no debemos sentirnos mal al ser rechazados pues, en realidad, a quien ellos están rechazando es al Señor Jesús.

No miremos, pues, con envidia el aparente éxito de aquellos que rechazan a Dios y se han hecho un dios a su medida, a su estilo personal, en otras palabras: un ídolo. Como se dice popularmente, las comparaciones siempre son odiosas. No nos comparemos con ellos porque ésto no tiene sentido. Nuestra mirada y pensamiento deben estar colocados en la esperanza del inminente retorno de Cristo por su novia, la iglesia. Enfocarnos en las opiniones de aquellos que neciamente se oponen al mensaje de salvación es perder el tiempo mientras muchas otras almas se pierden eternamente. Basta de quejas y aprendamos a vivir con contentamiento, que es la clave para no dejarnos atrapar por las sutiles trampas del mundo. En Jesucristo tenemos la victoria y todo lo que nos hace falta. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

 

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Una respuesta a La palabra de hoy 15 de febrero de 2012

  1. amada dijo:

    Fue una palabra acertada , bálsamo para mi vida,gracias por compartir día a día la palabra del Señor. Bendiciones

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