La palabra de hoy 19 de febrero de 2012


El testigo falso no quedará sin castigo;
el que esparce mentiras no saldrá bien librado.
El testigo falso no quedará sin castigo;
el que difunde mentiras perecerá.
Proverbios 19:5,9

Una de las cosas negativas que se le puede achacar al postmodernismo es que preparó el terreno para que la mentira se esparciera como fuego en pasto seco. Hoy día es difícil determinar cuándo un hombre está diciendo la verdad o está difundiendo una gran mentira.  Muchos ahora emulan al satánico Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del gobierno Nazi quien dijo “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.” Esta parece ser la estrategia comunicacional fundamental de los gobiernos totalitarios, los cuales pretenden mantener con mentiras el poder que lograron por la fuerza y la astucia, lamentablemente para muchos con gran éxito. Hoy día podemos ver también cómo la gente ha perdido el honor y cómo la palabra de un hombre no vale nada. Los compromisos son rotos y los testimonios bajo juramento son quebrantados sin la más mínima traza de vergüenza. Los mecanismos judiciales establecidos para castigar estas violaciones del compromiso y de la verdad son ignorados a conveniencia de quienes ostentan el poder.

La promesa de la palabra de Dios, la cual no puede ser quebrantada y se cumplirá sin falta, es que a todas estas personas que gozan y se lucran de utilizar la mentira y la falsedad serán llevados al castigo que merecen. La justicia divina será implacable al momento de juzgar a quienes hicieron de la mentira un negocio para su propio provecho. En ese dfía, muy tarde será para que estos engañadores se arrepientan de la conducta con la que durante años hicieron gran daño a su prójimo. Su destino será ser arrojados al lugar donde “su gusano no muere y el fuego no se apaga.” ¿Has sido engañado o estafado por alguien en quien habías puesto tu confianza? Deja que Dios se encargue de él. ¿Has salido perjudicado por una mentira utilizada para hacerte gran daño? También de eso se encargará Dios. Pongamos nuestra esperanza en la justicia que ha de llegar sin falta cuando sea el tiempo de Dios. Entreguemos al Señor Jesús nuestras cargas y tomemos su yugo que es suave y ligero. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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