La palabra de hoy 23 de febrero de 2012


¿De quién son los lamentos? ¿De quién los pesares?
¿De quién son los pleitos? ¿De quién las quejas?
¿De quién son las heridas gratuitas?
¿De quién los ojos morados?
¡Del que no suelta la botella de vino
ni deja de probar licores!
Proverbios 23:29-30

Un mal que afecta a numerosas familias en todo el mundo independientemente del grado de desarrollo económico del país donde se viva es el elevado e incontrolable consumo de alcohol. La humanidad ha consumido alcohol prácticamente desde su creación y como ejemplo en la palabra de Dios hallamos que poco tiempo después del diluvio universal Noé planto una viña y produjo vino con el cual se emborrachó. Modernamente, la industria de las bebidas alcohólicas produce aproximadamente 200 mil millones de litros de alcohol puro por año. Todas las cosas, buenas o malas, se convierten en un serio problema cuando su consumo es excesivo. En el caso del alcohol el problema se agrava por su carácter adictivo. Sin recomendar su uso o abstención, en ciertos casos, un consumo moderado (y aquí es donde comienza el problema por no poderse establecer con precisión que significa exáctamente moderado) de alcohol puede resultar beneficioso para algunas personas. En todo caso, el uso desmedido que resulta de la adicción tiene un impacto extremadamente negativo en la estabilidad del hogar por la violencia que usualmente acompaña dicho consumo y por su impacto económico negativo en las finanzas familiares.

Por los comentarios que algunos lectores de este blog han enviado, sabemos que hay muchas familias que están afectadas por este problema de adicción alcohólica o alcoholismo. La sabiduría de lo alto nos indica que quien no suelta la botella termina lamentándose. Las esposas de los alcohólicos deben mantenerse en constante oración intercesora por sus adictos maridos para que Dios libere con su poder a estas almas de tan destructivo vicio. El uso inmoderado de alcohol es una locura y una necedad. Nada se gana y mucho se pierde por no saber controlar el impulso al consumo. Respaldemos, pues, en oración a aquellas familias que sabemos están enfrentando serios problemas por culpa de la universal tendencia pecaminosa a darle rienda suelta a las pasiones. Recordemos las palabras del apóstol Pablo: “Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.” ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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