La palabra de hoy 29 de febrero de 2012


¿Te has fijado en los que hablan sin pensar?
¡Más se puede esperar de un necio que de gente así!
Proverbios 29:20

En este blog hemos comentado varias veces con anterioridad las numerosas advertencias que la palabra de Dios contiene en contra los necios y su forma de comportarse. Y para estar claros, nunca pensamos que existiese una posición peor que la del necio. La porción de hoy nos sorprende ─por lo menos a mí─ con la mención de un estado más inadecuado que la actitud del necio. La palabra de Dios se refiere a aquellas personas cuya lengua está desconectada de su cerebro y actúa con voluntad propia y sin el menor cuidado de lo que está diciendo. Todos conocemos a este tipo de personas. Nos hemos topado con ellos más de una vez en nuestra vida. Ellos hablan y hablan y hablan y siguen hablando y no hay manera de que paren. Cuando tratamos de interrumpirlos simplemente nos ignoran y continúan hablando como si estuviésemos ausentes. Siempre cometemos el error de tratar de comprender lo que están diciendo pero la retahíla de insensateces que desbordan de sus labios no permite que podamos captar algo racional. Ellos repiten los mismos temas como si fueran algo realmente novedoso y en realidad no les importa si a nosotros nos interesa o no lo que están hablando.

Cuando te consigas a uno de estos especímenes, evita la conversación de manera muy respetuosa pero bajo ningún concepto te enganches en un diálogo que terminará siendo más bien un monólogo. De lo contrario perderás tu tiempo y desperdiciarás la oportunidad de encontrarte con otra persona con la que sí se pueda conversar. Está bien que sintamos que podemos asesorar a este tipo de personas para que modifiquen su conducta pero la práctica te enseñará que una gran mayoría de ellos son irrescatables. Tenemos tantas cosas importantes que hacer en esta vida que detenerse a charlar con uno de estos individuos es una dilapidación de nuestro valioso tiempo. Escuchemos con atención las advertencias que nos hace la Biblia al respecto y sepamos aprovechar el tiempo tal como nos lo aconsejó el apóstol Pablo: “aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.” ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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