La palabra de hoy 4 de marzo de 2012


Tú das la victoria a los humildes,
 pero humillas a los altaneros.
Salmos 18:27

Parece mentira que a estas alturas de la historia del mundo el hombre no se haya dado cuenta de la veracidad de la afirmación de la cita de hoy. Dios aborrece la altanería, punto. ¿Cómo es que entonces casi nadie puede entender ésto? En mi opinión, que la mayoría de la humanidad siga pensando que es mejor ser altanero que humilde es una clara demostración del poder que tiene la carne o naturaleza pecaminosa sobre el hombre. Independientemente del estrato socio-económico, del nivel de estudios, de la edad, del género, de la nacionalidad y del color de la piel, todos los seres humanos son víctimas de su orgullo. Podemos trazar el origen del orgullo hasta nada menos que el enemigo de nuestras almas, Satanás, quien a pesar de la privilegiada posición en que se encontraba como parte de la creación consideró que lo que poseía era resultado de su propio esfuerzo y de su sabiduría y su hermosura perfecta. Fue precisamente a causa de su hermosura que él se llenó de orgullo y a causa de su esplendor que se corrompió su sabiduría.

Nuestra naturaleza pecaminosa es una fuerza muy poderosa la cual fácilmente es capaz de hacernos caer en el pecado del orgullo. Nuestras propias fuerzas no son suficientes para vencer esta poderosa fuerza que atenta contra la estabilidad de nuestra relación con Dios. Sólo el poder de Dios, que es superior a cualquier cosa visible o invisible del universo puede vencer y controlar a este espantoso enemigo de nuestra santidad. Es por ello que debemos apoyarnos en el poder de Dios para resistir los ataques de nuestra propia carne y del enemigo y salir vencedores de la prueba. Si ponemos nuestra confianza en cualquier otra cosa que no sea el poder de Dios estaremos encaminados al fracaso y al dolor. Encomendemos, pues, cada día nuestra vida y nuestra relación con Dios a él y sólo a él. Reconozcamos su autoridad y su señorío sobre nuestra vida y sigamos adelante confiando en su poder para protegernos del mal. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 4 de marzo de 2012

  1. royal aguilar dijo:

    Poderosa palabras d reflexión. Dios me los bendiga y el amor del PADRE EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO ME LOS ROPES EN TODO TU SER AMADOS Y AMADAS HERMANOS (AS)

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