La palabra de hoy 8 de marzo de 2012


Señor, no me abandones;
Dios mío, no te alejes de mí.
Señor de mi salvación,
¡ven pronto en mi ayuda!
Salmos 38:21-22

Cuando nos apartamos de los rectos caminos de Dios para adentrarnos en las tinieblas del pecado todo se torna extraño e incómodo. Por habernos apartado de nuestro Buen Pastor nos damos cuenta de que estamos desprotegidos y expuestos a los diversos ataques del mundo, de la carne y de Satanás. La confianza puesta en nuestro Señor se ha debilitado y la esperanza de que las cosas salgan bien se pierde. Esos peligros de los cuales antes no nos habíamos dado cuenta que eran tantos por haber estados escudados por el poder del Espíritu Santo actuando en y dirigiendo nuestra vida ahora los podemos ver con toda claridad porque la protección ha disminuido a tal punto que ya no nos sentimos seguros en ninguna parte y en nigún momento. El enemigo sabe que estamos desguarnecidos y aprovecha la oportunidad para redoblar sus ataques con mayor saña, pues sabe que la protección volverá a levantarse en el mismo momento que clamemos a Dios confesando nuestra iniquidad y buscando su ayuda.

Debemos siempre tener en cuenta que hemos sido escogidos por Dios y que nuestro lugar es siempre a su lado independientemente de las circunstancias que nos toque vivir. El amor de Cristo siempre estará ahí para rescatarnos y protegernos tan pronto como levantemos nuestra mirada a él. Tal como pregunta el apóstol Pablo: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?” y él mismo responde: “Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.” ¿Qué estamos esperando, pues, para levantar nuestro clamor a aquel que nos rescató de la muerte para darnos vida eterna? Sólo a Dios sea la gloria!

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