La palabra de hoy 11 de marzo de 2012


El falto de juicio desprecia a su prójimo,
pero el entendido refrena su lengua.
Proverbios 11:12

¿Cuántas veces dice la palabra de Dios que debemos controlar la lengua y ser discretos y comedidos? ¿Cuántas veces hemos comentado en estas páginas que la imprudencia y la indiscreción de las palabras que salen de nuestros labios traen muchá pena y dolor? Nuestras palabras y la manera como las expresamos hablan mucho acerca de nuestro orgullo y una persona que se deja llevar por su orgullo no puede ser catalogado sino como necio. ¿Cuántos pleitos se han iniciado por una palabra inapropiada e inoportuna? Hasta grandes conflictos bélicos se han desarrollado por malentendidos o insultos y desprecios. También hay quienes sienten que por cada palabra que les dirigen, ellos deben dar una respuesta, es decir, que ellos siempre quieren tener la última palabra en el asunto. Ésto no es más que orgullo y necedad.

Tengamos, pues, mucho cuidado al expresarnos y también en el trato que le damos a los seres que nos rodean, sean conocidos o no. El enemigo está siempre acechando y esperando la oportunidad para hacer de una presuntamente inocente palabra un gran insulto causante de heridas muy difíciles de curar. Es preferible callar y tomarnos todo el tiempo que sea necesario para escoger cuidadosamente las palabras que hemos de utilizar para responder a los demás, especialmente cuando sentimos que nuestro interlocutor nos ha agredido verbalmente. En el libro de Proverbios encontramos: “Hasta el necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.” Dijo también el sabio rey Salomón: “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.” Hoy día diríamos que dar una respuesta áspera es como querer apagar un fuego con gasolina (nafta, bencina, etcétera.) Santiago, el hermano del Señor Jesucristo dijo: “Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.” Busquemos pues dominar nuestra lengua y utilicemos siempre nuestra palabras para bendecir. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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Una respuesta a La palabra de hoy 11 de marzo de 2012

  1. Inés dijo:

    Amen, Señor que Tu Santo Espiritu tome dominio de mi lengua, por el fruto del dominio propio.

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